Qué hacer si me volví una mamá quejumbrosa

Había estado muy negativa, no encontraba la manera de hacer que mi hijo se concentrara en su escuela y me la pasaba quejándome. No sabía qué le pasaba, pero rompió muchos acuerdos y la casa era un descontrol total.

Leí este texto:

“Los niños no necesitan que andemos atrás de ellos quejándonos, sino que que necesitan padres que los apoyen y los inspiren.”

Mi mente hizo ¡kaboom!

Acto seguido: entré al cuarto de estudio donde estaba él haciendo su tarea y le dije, “¡Mírate! ¡Si puedes!”

Él se rió nervioso.

“¿Qué?”, le pregunté.

“Yo no sabía que sí podía.”

Ay… ¡poc!

Todo esta distracción, esta locura, esta ruptura de acuerdos, este… no era por su dislexia, no era porque la escuela estuviera fallando… todas mis teorías estaban mal: él simplemente no sabía que sí podía.

Tal vez no lo sabía, porque yo no se lo había dicho.

¿Qué tal olvidar lo obvio?

Es importante aclarar un punto: a la hora de halagarlos, el decir, “eres muy listo”, no funciona. Porque no todos son listos todo el tiempo y ellos lo saben.

¿Cómo te sientes tú cuando te dicen, “eres súper valiente”? 

Tú te conoces, sabes de todas las veces que has sentido miedo y esa afirmación, por bien intencionada que sea, no te la crees. ¿Si o no? Los niños son iguales.

En cambio cuando te dicen, “Vas a poder, porque llevas 10 años pudiendo.” Toooodo cambia, ¿verdad?

Entonces, lo que funciona, no es un adjetivo calificativo sino el verbo. “Tu puedes porque lo estás haciendo.”

Siempre funciona más decirles por donde ‘sí’, en lugar que por donde ‘no’.

Dejemos de quejarnos de nuestros hijos frente a ellos y mejor, ¡apoyemos e inspirémoslos! 

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