¿Qué hacer cuando los niños nos retan?

¿Qué hacer cuando los niños nos retan?

No por tomar al curso de Disciplina Sin Lágrimas, no por ser Coach Parental, no por tener licenciaturas, maestrías y posgrados en crianza… nada de eso hace que los niños dejen de ser niños. Y los niños retan. Los niños intentan tumbar nuestros limites. Es totalmente normal, natural y es bueno que lo hagan pues lo hacen para llenar su Cubeta del Control. 

Hay cosas que los niños pueden y deben poder controlar. Por ejemplo: ¿qué quieres desayunar? ¿Qué camiseta te quieres poner? ¿Cuándo vas a estar listo para recoger tu cuarto?

Pero hay cosas que los niños No pueden Ni deben controlar. Por ejemplo: tiempos de pantalla, vieojuegos, no jugar en horario de escuela (a distancia).

¿Porqué no pueden di deben?

Por que siempre van a preferir jugar. No tienen la madurez ni la experiencia para elegir lo correcto, la mayoría de las veces sus elecciones no van a ser las responsables.

Y cuando llegamos los adultos a poner límites, claro que protestan, se rebelan y nos retan. Es su amygdala. 

La amygdala se activa cuando su Cubeta del Control se vacía, ¿recuerdas?

Si ya tomaste mis cursos, ya sabes de lo que hablo. Si no, dime para avisarte del próximo.

Con el colegio a distancia ha sido una verdadera batalla porque mi hijo, rodeado de sus juguetes se rehusaba a poner atención. Otro día me lo encontré “de shopping” en amazon. ¡Casi se me sale el alma! Con mi amygdala a todo, obviamente lo regañé…  y oobviamente el micrófono del zoom estaba encendido y ooobviamente todos oyeron la regañiza…  y oooobviamente ya me habló el psicólogo de la escuela, “¿Esta todo bien, señora?” Casi tomo la llamada para que me terapeara a mi. (Auxiliooooo…)

Una vez que pude regresar a modo–pensante. Mi hijo y yo, hicimos un acuerdo, acordamos las consecuencias desde ese momento, lo sellamos con pinky promise, y al día siguiente. ¡Otra vez! Rompió la promesa. ¿Porqué? No es que sea un mal niño, ni rebelde, ni retador, ni mula, ni nada de eso. Si no porque la tentación es mucha. ¿Qué prefieres poner atención en clase de lecto–escritura (Zzzzzz…) o ver juguetes? ¡Hasta yo prefiero ver juguetes!

Peeeero… –ahí venimos los adultos a socavar toda diversión– hay que enseñarles a ser responsables, respetuosos, y blah, blah, blah… (Zzzzzz…)

Tuve que ponerme firme. Aplicar las consecuencias previamente acordadas. Me pidió otra oportunidad de mil formas diferentes, por las buenas (“No mamá, te lo prometo, no lo vuelvo a hacer…”), por las malas (“Si no me dejas ¡me voy de la casa!”) Por el chantaje (“Siento que ya no soy de esta familia”) Por todas las que se le ocurrieron. Igual, sigue siendo la amygdala.  Una amygdala muy creativa y luchona, por cierto. 

Yo, firme. Como guardia inglés.

Él acordó dos semanas de consecuencias. Apenas voy con media y toooodos los días me pide otra oportunidad, con todas las estrategias que se le ocurren. Y toooodos los días yo, platico con él, le explico, corto, sencillo y al grano. Y me mantengo bien firme y bien amable. «¿Recuerdas qué hiciste? ¿Y cuál fue la consecuencia pactada? ¿Y qué estamos haciendo?»

Es parte de su educación. Es parte de la crianza respetuosa. Limites, amables y firmes.

Educando a los hijos sabiendo cómo funciona su cerebro, es La Diferencia del Mundo, porque ya no se lo tomas personal. Su rebeldía no es contra de ti, sino que él/ ella necesita tener ciertas cosas bajo su control. Le llenamos su Cubeta con lo que sí puede controlar y nosotros tomamos el mando de lo que no. 

Lo más interesante fue que, después de que me discutió por arriba, por abajo, por un lado y por el otro. Después de que yo fui firme y amorosa. Me preguntó, “¿Puedo colorear contigo?” 

Finalmente, lo que más necesitan es la conexión.

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