Qué hacer cuando los Acuerdos que hicimos con nuestros hijos, No Funcionan.

Qué hacer cuando los Acuerdos que hicimos con nuestros hijos, no funcionan.

Cuando mi hijo decidió romper su parte del acuerdo entre en una verdadera crisis. “¡¡¡¿¿¿C-c-c-como???!!!” “¡¡¡¿¿¿P-p-pero p-p-p-orqueeee???!!!”

En mi mente de adulto creía que si ya habíamos hecho un acuerdo, sí o sí tenía que cumplirlo. Había sido mi método perfecto para llevar la paz y ahora que dejó de serlo, no sabía qué hacer, ni porqué, ni cuándo, ni cómo.

Cuando los niños rompen su parte del acuerdo no es que sean irresponsables, crueles, maquiavélicos ni malos niños. Pueden ser varias razones:

1) Simplemente están probando sus límites. “¿Hasta dónde puedo llegar?”

2) Están llenando su Cubeta del Control, parte no-negociable del cerebro humano, –si no sabes de qué hablo ¡toma el curso de Disciplina Sin Lágrimas!

3) Cumplir su parte del acuerdo les está haciendo daño (ej: forzarse a comer cuando ya no tienen hambre)

4) De momento pensaron que iban a poder cumplir, pero a la mera hora no pueden o no saben cómo (ej: una tarea del cole que no entienden cómo hacerla)

5) Están demasiado cansados como para exprimir energía para, por ejemplo, limpiar su habitación.

Parte de la parentalidad autoritaria que queremos tener con nuestros hijos, implica escucharlos, saber la razón por la cuál no están cumpliendo, hacer valer su voz y punto de vista y ceder en algunas de nuestras costumbres o expectativas. Para esto sirve mucho hacer acuerdos. Hay un artículo en mi página web que explica qué es y cómo se hacen. Pero básicamente se reduce a:

Yo cedo en “x” y tu en “y” y nos encontramos a medio camino.

Yo cedo en tener toda mi casa ultra limpia y el hijo cede en ordenar sus juguetes.

¿Va?

¡Va!

Peeeeero… muchas veces alguna de las partes no cumple su parte. Nosotros los adultos creemos que por que ya dijimos las cosas, los niños ya entendieron. Y no. De ninguna forma. No hay manera, son niños, su psique, su experiencia, sus neuronas no dan el largo y ancho de nuestras expectativas. No hay forma. Y entonces, posiblemente después de jugar, ya es tarde y “olvida” acomodar y recoger. Cuando mamá le recuerda, hay pleito. “Es que ya estoy cansado”, “¿Porqué yo?”, “No quiero”

Y ahí es cuando ya no sabemos qué hacer, ¿cierto? Queremos dejar de hacer acuerdos porque creemos que no están funcionando. 

Sigue leyendo, aquí encontrarás respuestas.

En lugar de tirar a la basura una magnífica herramienta súper efectiva y empoderadora, es mucho mejor, esperar, tomar una pausa (puede ser de varias horas o incluso días) y ya en nuestro centro, sentarnos a dialogar. Investigar. Analizar. Replantear.

Y ahí es cuando

1) entendemos su perspectiva

2) nos mantenemos firme en lo importante

3) explicamos

4) re-negociamos

5) rompemos

Cualquiera de las cuatro razones mencionadas arriba son suficientes para meter a un niño en Modo Sobrevivencia, su amygdala se activa y dejan de ver… bueno, dejan de ver todo y también las ventajas de hacer acuerdos. Por eso es importante dejar pasar tiempo, que se enfríen las emociones, salir de amygdala y después, hay que explicárselos.  Es decir, este “mal comportamiento” en realidad es la invitación a más diálogo y más acuerdos.

1) Entendemos su perspectiva 

“¿Porqué has roto tu parte del acuerdo, quiero entenderte?”

Y te pueden responder con cosas como,

“No entendí qué querías de mi.”

“No super cuál era mi parte.”

“Pensé que podía hacerlo, pero no…”

“Pensé que iba a ser más fácil, pero a la mera hora, no supe cómo…”

2) Nos mantenemos firme en lo importante

“Puedo entender tu punto de vista. La escuela no es negociable. En cambio con ‘x’ sí podemos negociar.”

Recuerda, temas de salud, seguridad, integridad, ética NO son negociables.

3) Explicamos 

“Mi idea de hacer acuerdos era mantener la paz, pero como haz decidido no cumplir con tu parte, pues de nada me sirve porque nos peleamos de todas formas.”

“Mi idea es hacerte partícipe de las decisiones de la familia…”

4) Re-negociamos o nos abrimos a nuevas ideas

“No haré acuerdos contigo esta semana porque has roto los que hicimos.”

“Si a ti se te ocurre otra forma de solucionar el problema, yo encantada de escucharte. No me tienes que responder ahora, piénsalo un par de días y luego volvemos a platicar.”

“El reto / asunto es X ¿Cómo le vamos a hacer?”

“¿Qué va a pasar si no cumples este acuerdo nuevo? Quiero que tú establezcas la consecuencia.”

Esta es una parte genial porque ellos son los que se hacen responsables del siguiente paso y las siguientes ideas. Debo admitir que son ¡fantásticas!

5) “Tú eres más importante que el acuerdo.”

Hay veces que tenemos que romper los acuerdos, como cuando nuestra integridad, nuestra seguridad, nuestra felicidad están en juego. Por ejemplo si estamos en un mal matrimonio, o si le hemos prometido algo a un amigo y nos damos cuenta que esta metido en algo ilegal… hay momentos que debemos ponernos como prioridad. Hay veces que nuestros hijos van a romper el acuerdo, cuando están demasiado cansados, o cuando les duele, o van en contra de sí mismos. Y esta bien. Esta es una lección muy MUY importante de enseñar, “No por haber hecho un acuerdo de “ser los mejores amigos de por vida” significa que te tienes que aguantar estupideces. De ninguna manera. Tu felicidad, tu integridad, tú como persona eres más importante que cualquier acuerdo.” 

En un caso sencillo de, “Mamá, sé que te prometí limpiar mi habitación, pero no puedo cumplir porque estoy demasiado cansado” debemos estar abiertos a recibir esto. La consecuencia previamente pactada se aplica amorosamente. Pero debemos aceptar que su integridad va primero SIEMPRE.

Si, se vuelve un ejercicio constante de «estire y afloje». Al mismo tiempo, los beneficios son increíblemente buenos. Además, ¿qué no hacemos eso todo el día en el trabajo?

“Todo en la vida es una negociación”, dice un amigo muy querido. No creo que “todo”, pero sí una gran parte del éxito. Porque es a través de esta negociación que están aprendiendo a ser inteligentes, pensantes, creativos, responsables, están sacando su temple y su personalidad a brillar. ¡Es una belleza!

¡Síguelo poniendo en práctica!

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