«¿Porqué siempre debo hacer lo que tú dices?»

Mother with teenager son doing homework in living room ; Shutterstock ID 295866716; Agency Name: MassGov

“¿Porqué siempre tengo que hacer lo que tú dices? ¡No es justooooo!”

Cómo dejar que nuestros hijos cometan errores en un espacio seguro.

Siempre lo menciono en mis cursos y justo la semana pasada ocurrió un buen ejemplo, así que te lo platico:

Mi hijo tiene dislexia, le cuesta mucho trabajo la escuela, es cierto. Pero también es un niño normal y muchas veces ha preferido jugar que hacer su tarea.

Esa mañana, yo estaba en un curso y no pude vigilar sus acciones, cosa que también está bien. Hay que darles su espacio para dejar que ellos cumplan con sus responsabilidades. Y esto, a veces conlleva, dejarlos cometer errores.

Con la escuela a distancia esta sucediendo mucho que la maestra del otro lado de la pantalla esta hablando sola y que los niños llevan horas de no escuchar nada. Es un verdadero reto avanzar académicamente en un lugar lleno de juguetes.   Es un verdadero reto hacer que los niños no se distraigan, no enreden la pluma en su cabello, no se vayan, no se metan a otras páginas, no video jueguen… y hagan lo que tienen que hacer. 

La escuela de mi hijo, viendo esta tendencia en los chicos mandó un atento llamado diciendo que, “ Estimados padres de familia, los próximos sábados serán “sábados de regularización” para todos los estudiantes con rezago académico superior a 5 trabajos de retraso, deberán estar presentes en el día sábado de 8:00 a 15:00 dentro del esquema económico ($150 pesos). El dinero será únicamente para apoyar al maestro de la materia. Cualquier duda…”  Y después mandó otro comunicado diciendo que  “…si aún no se aplican, vendrán en las vacaciones de invierno.”

Yo avisé: “Hijo, si no cumples con tus obligaciones escolares, tendrás que ir al cole los sábados.”

Él lo sabía: “Me dijo el profe de programación que si no cumplo y termino el capítulo D, tendré que ir al cole el sábado.”

Y aún así, no lo hizo. 

“Oye, me llegó un atento aviso, tendrás que ir al cole el sábado.”

“¡¿Por qué?!”

“Pues porque decidiste jugar en lugar de hacer tu tarea. Y además, tendrás que pagar los $150 pesos del sueldo del profesor, de tu cochinito.”

“¡¿Queeeeeeeeé?!”

Ya te imaginarás el nivel de protesta que se vino tras de esa noticia. 

¿Qué hice yo?

Me senté a escucharlo.

“¿Porqué siempre tengo que hacer lo que tú dices? ¿Porqué el capítulo D? ¡Esta súper difícil! ¿Porqué siempre tengo que hacer y hacer y hacer cosas? ¿Porqué tengo que sacar dinero de mi cochinito?”

Mi argumento se limitó a una pregunta:

“Hijo, tú ¿qué decidiste hacer?”

“Jugar, pero ¿y qué…? ¿Qué tiene que ver? ¿Porqué…? ¿Porqué…?”

Lució su amygdala a todo su esplendor. Yo solo lo veía ir y venir.

“Pero, ¿por qué mamá?”

“Pues tu dime, ¿qué decidiste hacer?”

“Ughhh… Jugar.” respondió aún enojado pero ya con más aceptación.

“Bueno, pues ahí esta. Fue tu decisión. Ya sabías la consecuencia.”

En medio de su coraje, se fué, abrió su cochinito, sacó el dinero y me lo dió. Siguió repelando en contra de las injusticias de la vida. Yo sólo escuché y tomé notas mentales.

Yo pude haber hecho trampa y hacer la tarea yo, o pude sentarme a fuerzas con él y obligarlo, o pude argumentar que el Covid y/o frío y “pobrecito mi chiquito” y no llevarlo al cole. Pero, no. Sé la importancia de dejarlos tropezar. Sé la necesidad de no sobre-protegerlos. Sé cuán importante es hacernos a un lado y dejar que las consecuencias de la vida sean aplicadas.

Yo como mamá soy su apego seguro, no su maestra. Además de que no me toca, no tengo la capacidad, su dislexia no combina la mía, para eso están los expertos. Y yo de programación no entiendo nada.

El sábado que lo llevé a la escuela, he de confesar el que sí sentí feo. 

“Te voy a extrañar, siempre vamos a caminar y andar en bici y ahora no vas a venir. Echale ganas a la escuela, ¿va?”

“Si, mamá. Te extrañaré también.”

En nuestro trabajo parental, ejemplos como estos van a pasar un montón, pero eso no significa que estamos fallando en nuestro trabajo. No nos toca sobre protegerlos de las consecuencias de sus propias acciones, al contrario. Estamos dejando que ellos –en un espacio seguro– aprendan la Ley de Newton (Ley de las Consecuencias). Así es como se vuelven responsables de sus acciones –o no acciones. Estos “tropezones” son muy aleccionadores.

La semana siguiente lo vi mucho más comprometido con su trabajo escolar.

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