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Oración de la serenidad para las personas Hiper Sensibles

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Photo by Porapak Apichodilok on Pexels.com

Hace poco mi hermano me envió un artículo sobre la intensidad con la que lo que los HS sentimos y nos preocupamos por todas las cosas que suceden en el mundo. Y cómo esta angustia nos carcome.

No quise terminar de leerlo para no empezarme a preocupar de lo que me preocupo.

A veces los Híper Sensibles, como estamos programados para la sobrevivencia y nos damos cuenta de todas las cosas que se necesitan hacer para mejorar el mundo, nos llenamos de frustración, desesperación y gastritis al ver cómo a los demás, o no les importa, o están vendidos, o simplemente no se dan cuenta.

Nosotros vemos y sabemos lo que otras personas, no. Para eso esta programado el cerebro Híper Sensible.

Y, en un mundo de no-sensibles, es sumamente frustrante. Dan ganas de meternos a su cabeza, sacudirlos y hacerlos ver. Me ha pasado incontables veces que me doy cuenta que si continúan con las acciones actuales, llegarán a consecuencias nefastas, les aviso –y no una vez, sino muchas veces de varias formas distintas–, no me hacen caso y… sucede. Y no puedo hacer nada. Soy un mensajero frustrado.

Para este tipo de situaciones, me ha servido saber qué puedo controlar y qué no.

No puedo controlar:

  • El clima, –nos gustaría sanar el planeta, limpiar los mares y detener el cambio climático con varita mágica. ¡Claro que sí!
  • Estar enferm@, –¡Ayyyy los bichos! Es horrible sentirse mal.
  • Las cosas que debo hacer (qué-hacer casero, tareas, escuela, trabajo), –pues… ni modo.
  • Que los demás sean amables, –igual, ni pa’dónde.
  • Los pensamientos, decisiones, acciones y palabras de los demás, –a los HS nos afecta este punto demasiado. Pero una vez que comprendemos que no hay forma de controlar esto, una parte de nuestro interior, libera y descansa. Esto incluye jefes, colegas, pareja e hijos. Así que dejemos de tratar. Lo que sí podemos hacer es ponernos de acuerdo.
  • El tiempo, – ¡se va! Ni cómo detenerlo.

Sí puedo controlar:

  • Lo que yo hago, –mi esfuerzo y comportamiento.
  • Ser amable, –“lo cortés no quita lo valiente”, decía mi abuelo.
  • Cuidar mi cuerpo y mente, – con una buena alimentación, haciendo ejercicio, escuchando música buena para el alma, cuidando las letras de las canciones… todo eso nutre nuestro corazón también.
  • Aprender de mis errores, –me tomó tiempo entender que las cosas pasan para algo. Y que cometer errores es lo mejor que nos puede pasar. Una vez que le agarramos la onda a este concepto todo en nuestra vida, cambia y mejora.
  • Pedir ayuda, –muchas veces los HS le sacamos la vuelta a esto por evitar el contacto con otras personas y mostrar nuestra vulnerabilidad. Sin embargo, se vale. Y muchas veces es necesario.
  • Cómo yo pienso, –a veces la mente es medio necia, pero sí hay manera de mostrarle otras perspectivas.
  • Con qué amigos me junto, –la gente dañina, no gracias. Relaciones tóxicas, no gracias. Aprendí esto a la dura.

Es curioso, nos la pasamos peleándonos contra el mundo entero, “¿cómo es posible?”, “¿qué le pasa?”, “tomó una pésima decisión”, “es un (coloca el insulto de tu preferencia)”, “pues es que con esa familia, de milagro no salió peor”, “lo que debería hacer es (x)”, “pero no me hace ningún caso”… Por más que quisiéramos meternos en las cabeza y cuerpos –para que los demás actúen diferente– no podemos.  Ni podemos hacerlo, ni nos toca.

Esto es un momento de soltar y aceptar.

No es fácil.

¿Qué sí podemos hacer?

Que nuestro propio corazón, cuerpo y mente sean íntegros. Cada uno bailando en la misma dirección y bajo el mismo ritmo.

No podemos controlar el mundo. Pero sí nuestro mundo. Es decir, nuestro interior. Nuestro interior es, en realidad, el única área en donde tenemos injerencia.

Todo empieza con nosotros. El soltar. El dejar ser. El respeto al libre albedrío de los demás. El ser coherentes en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. El observarnos a nosotros mismos como si nuestro futuro nos estuviera viendo atentamente. Y esto no es algo que ‘se sabe hacer’ sino que debemos aprender a hacerlo. Las prácticas de Vivir en Consciencia están muy de moda, las podemos accesar fácilmente, lo complicado es aplicarlo constantemente. Tiene su chiste, vaya, pero sí es posible.

Si cada uno de nosotros podemos transformar nuestra vida interior, para transformar nuestras acciones… nuestro pequeño mundo, cambia.

“Sé el cambio que quieres ver”, dijo Ghandi. Dejemos de pelearnos con todos y armonicémonos desde adentro, digo yo.

La mejor parte de hacerlo es que, cuando nosotros cambiamos nuestra vida interior, la externa, cambia también. Y nuestro sistema nervioso central híper sensible, se va a relajar. Nuestra capacidad de procesar la información podrá hacerlo con más discernimiento… vale la pena por todos los sentidos.

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