Después de la muerte de un Ser Querido

Posiblemente, a raíz de la pandemia has perdido a un Ser Amado… y tienes toda la cabeza y el corazón revuelto. Así estoy yo, al menos.

La muerte es algo surreal para los que nos quedamos y no sabemos cómo interpretarlo. La cabeza dice, “Así decidió la vida y… Ya estaba muy enfermo… le dí flores y regalos mientras vivía… hice todo lo que estuvo en mi… no me arrepiento de nada…” El corazón opina todo lo contrario, “Pero ¿por qué se tuvo que ir? ¿A quién le echo la culpa? Pude haberle dado más… tantas tardes viendo la tele, debí de haber ido a su casa… ¿Cómo es que ya nunca más lo voy a volver a ver? ¡Esto apesta! ¡Maldita sea!” Y luego nos enfermamos de una gripa horrible o una migraña que nos tumba varios días.

Bueno… si estas pasando por algo parecido, te acompaño en tu dolor.

No es fácil.

Léelo otra vez.

No

Es

Fácil.

¿Qué podemos hacer para salir un poquito más airados de este proceso?

Para superar situaciones de shock debemos hacer un proceso de observar qué sucede en los siguientes 3 niveles:

1) ¿Cómo lo está pensando tu mente?

2) ¿Cómo lo está sintiendo tu corazón?

3) ¿Cómo lo está almacenando tu cuerpo?

Sin meterme mucho en la ciencia, resulta que nuestro cuerpo tiene neuronas en la cabeza, si. Pero también en el corazón y en el estómago. Por eso, cada uno, camina hacia su propias conclusiones y comportamientos… y nos toca unificar todo aquello. Sorprendente ¿verdad? 

1) La mente analiza, como puede, los eventos. Llega a sus propias conclusiones y sus propias perspectivas, posiblemente erróneas. Un ejemplo nos lo pueden dar todas los mitos y leyendas que hay atrás, a lo largo de la historia, en las diferentes culturas, sobre el mismo tema. La interpretación de la muerte es un tema apasionante –me imagino que por lo doloroso que es– para estudiar y analizar a lo largo y ancho del planeta. Finalmente la mente inventa su historia, nos convence que nuestros pensamientos son La Realidad y nosotros solemos creerle.

2) El corazón no analiza nada. El corazón siente. Y suele sentir todo lo contrario a lo que la mente nos quiere convencer. La muerte de un ser amado nos duele. Nos duele como pocas cosas en la vida. Nos hace llorar durante décadas. Lo chistoso es que la mente rápido llega a interponer sus conclusiones y sus palabras… generalmente son groserías y maldiciones.

Pero el corazón no tiene palabras. Ni groserías. Ni maldiciones. Solo emociones. A veces les podemos poner un nombre. A veces, no. Y esta bien. No se trata de involucrar a la cabeza, sino de: sentirlas y soltarlas.

Las emociones son como el agua y debemos dejar fluirlas, si no se pudren y el cuerpo se enferma.

3) En la materia sólida del organismo, es donde se guardan las sensaciones. Todas aquellas emociones que no fluyeron, se quedan estancadas en el cuerpo y si no le damos salida, nos enfermamos. Para evitar eso, debemos echarnos el clavado a sentir, qué esta pasando adentro. Cuando llega el dolor de la pérdida, ¿dónde lo sientes? ¿Cómo lo siente tu cuerpo? ¿Como si te hubieras tragado una bola de boliche y no te puedes mover del pesar? ¿Como si tuvieras una moneda de cobre atorada en la garganta? ¿Como si tuvieras un calambre en el corazón? 

¿Cómo se siente…?

¿Cómo si te hubieran electroshockeado toda la mañana? ¿Te tiembla hasta la médula espinal? ¿Dónde y cómo es el mareo?

¿Cómo es? 

La meta es podernos quedar en esa sensación. Es difícil. Es inquietante. Es complejo. Pero debemos quedarnos ahí para que por lo menos, esta inmensa tristeza, no enferme a tu cuerpo, o no tanto.

Estos tres niveles, están conectados y al mismo tiempo, separados. Separados en el sentido de que cada uno opina distinto, a veces incluso, contradictorio. Conectados en el sentido de que, la única forma de trascender el dolor, es quedándonos en las sensaciones corporales. La única forma de cambiar nuestras perspectivas es, a través de fluir con las emociones. Debemos tomarnos el tiempo para estudiar a cada uno por separado para después unirlos, pero ya acomodados.

Nuestra cultura nos ha enseñado que el camino es al revés. Nos ha dicho que es de arriba hacia abajo: la cabeza debe de convencer al corazón y al cuerpo, a base “blah–blah”. Pero, como el proceso debe ser al revés (de abajo hacia arriba), estamos todos echos pelotas. Con mil enfermedades, achaques, diarreas, gripas, migrañas; un corazón ignorado y abandonado y una mente nomás no se calla con nada.

No. No.

Una vez más, la sociedad nos ha enseñado mal.

La próxima vez que te acuerdes de tu Ser Querido, en lugar de tragarte el llanto y sacar el celular, mejor quédate ahí. Permítete sentir. Echate el clavado hacia todas las sensaciones corporales. Si te viene una imagen mental, la puedes usar, solo para vivirla más fuerte. Si explotas en llanto, solo jala la caja de pañuelos. Espera. Respira profundo. Espera. Respira profundo. Espera hasta que aquello cambie. A veces toma un buen rato, a veces menos. Déjate caer con la fuerza de gravedad. No es momento para ser fuerte, sino para perderte en las sensaciones. Cuando lo hagas, notarás que las sensaciones cambian. Es MUY importante que lo permitas. No te vayas a aferrar a lo anterior. Nos quedamos en las sensaciones precisamente para transmutarlas. Solo cuando las sensaciones cambian, las emociones cambian. Y como consecuencia, la mente, se calla. Al menos durante unos momentos. Cuando la mente se calla, las perspectivas suelen cambiar también. Generalmente encontramos paz. O, si no, por lo menos, algo sí se asienta adentro. Tal vez, en estos momentos del ejercicio, quieras escribir en tu diario las nuevas perspectivas, pero ¡no antes! (Si lo haces antes, ya sabes que la mente hace de las suyas).

Tampoco es momento de tomar ninguna decisión. Solo es momento de acomodar. Como cuando ordenas cajones. Primero sacas todo, miras de pieza en pieza, tiras lo que ya no sirve y, lo que sí, lo vuelves a guardar. Dobladito y en su sitio.

A veces, si la experiencia es demasiado fuerte, necesitamos varios acomodos, varias sesiones… tal vez, varios años. Y esta bien. Yo entiendo a la sanción como por capas. Un día –o un año– trabajas una capa y al siguiente otra. Parece que estamos atorados en lo mismo, pero no. Es profundidad de capas.

Recuerda que las Personas Altamente Sensibles somos particularmente meticulosos al pensar y analizar. E intensamente emotivos. Así que este proceso se puede parecer una tormenta tropical con rayos, truenos y mucha, muuucha agua. Es probable también que vayas en contra de todo lo que te enseñaron en casa. Sé compasivo contigo mismo.

El dolor no se va del todo. El duelo sigue siendo duelo. Pero ya esta acomodado en su lugar. Y, tras este trabajo, la vivencia es totalmente diferente. Definitivamente sí hay un cambio importante.

Espero de todo corazón que esto te sirva y, aquí estamos para apoyarnos.

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