Cómo sobrevivir a las personas tóxicas

¿Qué pasa con la gente tóxica?

Un análisis de las personas tóxicas, cómo nos afectan y qué podemos hacer para sobrevivirlas.

Había una vez una niña, llamémosla Daty (el nombre ha sido totalmente inventado) cuyos padres se peleaban entre ellos todo el día, toda la noche y toda la tarde… Por si sí y por si no. Por si hizo y por si no hizo. Por si dijo y por si no dijo. El pique entre sus papás era tal que ignoraban a Daty totalmente. Ella tenía dos opciones o callarse y desaparecer, o, gritar más fuerte que ellos para lograr llamar su atención. Por motivos de sobrevivencia, desarrolló la segunda técnica. Aprendió a llamar la atención a como diera lugar, por si sí y por si no. Por si hicieron o por si no hicieron. Por si dijeron y por si no dijeron. Con los años se volvió gritona. Molesta. Manipuladora. Víctima. Broncuda. Controladora. Llama a las tres de la mañana para contar su versión de por qué es una víctima y suele llenar sus argumentos absurdos de puras mentiras. 

Ella aprendió a sobrevivir de esta manera. Eso le enseñaron sus papás.

La única forma que ella conoce para conectar con otro ser humano es a través del drama y el conflicto, pues básicamente, es lo que aprendió.

A dónde va y con quien va, se queja de absolutamente todo. No hay un instante de paz, ni gratitud, ni paciencia, ni contentamiento. Es gente que enferma el aire que toca. Es gente que enferma a familias enteras. Produce cualquier cantidad de rupturas, conflictos y mucho, mucho dolor. Por eso se llaman tóxicas. Hacen mucho, mucho daño. Generan trauma físico, emocional y mental. Es la manzana podrida que llega a echar a perder todo y en nosotros depende si lo permitimos, o no.

A las Personas Altamente Sensibles nos dan en la puritita torre. ¿Porque? Debido a nuestra empatía podemos ver su dolor. Podemos entender de dónde vienen y sus intenciones reales de ser vistas, escuchadas y amadas. Es gente que pide a gritos un resto de amor. Pero esos “gritos” son tortura china. Por un lado los queremos ayudar y rescatar –y, posiblemente lo intentemos durante un tiempo. E incluso, les creemos todas sus mentiras y perdemos el sueño tratando de ayudarles. Pero llega un momento de “Mmmh… ¡espera un momento…!” Cuando empezamos a ver a nuestra salud toda deteriorada (ya sabes, colitis, gastritis, migrañas, gripas, falta de energía, confusión, sobre-saturación, líos sin sentido y un largo etcétera), empezamos –si somos conscientes– a cuestionar ¿qué tanto vale la pena esa persona en nuestra vida? Por un lado decimos “pobrecilla” y por el otro decimos “¡#%/&*** Daty, que se vaya al ***#%!”

Si, gente así nos afectan de una manera corrosiva. Lo vemos, lo entendemos, lo sentimos, lo vibramos y… ¿y luego?

¿Qué podemos hacer?

Cuando estamos en esa encrucijada tenemos que tomar decisiones muy poco ortodoxas. 

1) Una es afuera de nosotros: ¿Con quién vamos a quedar bien: con la sociedad y Daty o con nosotros y nuestros hijos? ¿A quién voy a arriesgar, a ella que no le interesa encontrar remedios, o, a nuestra salud, la salud de nuestra familia y de nuestros hijos? Tenemos que analizar, ¿qué le esta enseñando esta persona a mis niños? ¿Quiero que aprendan eso? ¿Les voy a enseñar que esto esta bien y que es normal? ¿O les voy a enseñar que nuestra felicidad, que nuestra salud física, emocional y psicológica es lo más importante del mundo? Les vamos a enseñar que poner limites de gente tóxica –sea quien sea– no es bienvenida en nuestro espacio vital (… y sí, eso incluye el celular, llamadas, mensajes, whatts, chats, redes sociales).

2) La otra es adentro de nosotros: ¿Qué viene a enseñar esta persona a mi vida? ¿Para qué vino? ¿Qué debo aprender y / o tomar de estos momentos? ¿Cómo lo integro? Como todo en la vida tiene su para qué, hay que analizar esa parte.

Tenemos que poner  m.u.c.h.o  c.u.i.d.a.d.o  en dónde ponemos nuestra atención y energía. La gente tóxica esta llena de mañas para generar conflicto, si yo caigo (aunque sea para defenderme), ella gana. Tenemos que ser más listos.

Lo opuesto al amor, no es odiar. Sino el ignorar.

Las Personas Altamente Sensibles no podemos ignorar, aunque queramos. Debido a que detectamos todas las pequeñas sutilezas, y gente como Daty están llenas de micro-detalles que componen una montaña realmente interesante de observar. Los HSP (por sus siglas en inglés, o Altamente Sensibles en español), no podemos dejar de analizar, aunque nos noqueemos con un bat en la cabeza. Y tampoco podemos dejar de sentir; toda su toxicidad, nos provoca un oleaje de emociones una más opuesta y contraria que la otra. Todo lo anterior nos sobre–satura y nos enferma físicamente. Es un juego de perder – perder. O los perdemos a ellos, o nos perdemos a nosotros mismos. No hay más. ¿Qué podemos hacer? 

El único remedio que conozco es: la distancia en todos los sentidos. Bloquearlos y sacarlos de nuestras vidas en todos los sentidos posibles.

Física si es posible, poner metros o kilómetros de por medio.

Psicológica: para evitar que su tormenta nos lleve al tornado, no tomemos llamadas, ni recados, ni mensajes. 

Emocional: no aceptemos el drama provocado intencionalmente ni durante el tiempo libre, ni en la soledad, ni en pensamientos.

Es gente que nos meten en encrucijadas interesantes.

En lo personal, me he dado cuenta que no tengo la fuerza, ni la objetividad ni el sentido del humor como para juguetear con la situación. Me afectan mucho más de lo que yo quisiera. Me drenan, me exprimen, pierdo el sueño, la vitalidad, la paz interior. Y finalmente, ya me dan flojera. Ya entendí que gente así no hay manera de ayudarles, que intentarlo, aunque es noble, es imposible. Podrían ellos encontrar la felicidad en su vida si les interesara, pero como se alimentan del drama, pues ni cómo. No les doy la importancia que se dan –porque no la tienen– y tampoco les veo el sentido en dejarlas en mi circulo vital.

¿Cuál es mi invitación? ¡Toma tu fuerza! 

Aprende a PONER  L.I.M.I.T.E.S.

Cuando el personaje Daty es una amiga, es más fácil mandarla al cuerno, “Uy, tengo mucho que hacer, deja me organizo y te llamo.”, “Perdón no te pude tomar la llamada, uy, me está entrando una llamada importantísima, ¡bye!”, “¿No te contesté el mensaje? ¿Segura? Bueno… luego… ¡bye!” 

Cuando se trata de un familiar se complican las cosas un poco más. “¿Sabes qué? Me encantaría poder platicar, pero tengo mucho trabajo. Te quiero y te querré siempre.”, “Ha llovido un montón, ¿verdad? Te mando un beso, gracias por todo.También te extraño.”, “Agradezco de corazón todo lo que sí me diste, te puedo perdonar y amar –en la distancia.”

Peeeero, cuando es la pareja de un familiar, un padrastro / madrastra… suegr@, cuñad@, concuñad@, cuando no podemos obligar a nuestro familiar a que la corte, ahí sigue su presencia y, aún a pesar de nuestros esfuerzos, nos tocan todos los tsunamis del huracán Daty, ahí se vuelve un caso casi imposible. No hay manera de correrla. No hay manera de vivir con ella. Todo lo que digamos podrá y será tomado en nuestra contra. Y nada, nada, nada funciona. Si hacemos, malo. Si no hacemos, malo. Si decimos, malo. Si no decimos, malo. ¿Qué queda? Sácale la vuelta, “Buenas tardes, qué calor / frío / humedad hace. Voy al jardín a cuidar a los niños / perro / perico. Con permiso.” No le preguntes “¿Cómo estás?” no vayas a darle pie a que te agarre. Si se empieza a acomodar, “Ay, Daty, discúlpame, tengo que checar mi Instagram urgentemente.” 

Si nuestro familiar se empeña en meter a fuerzas a esa Daty a la familia podemos hacer solo dos cosas: o aceptarlos a los dos, o rechazarlos a los dos. Las dos opciones duelen. Las dos rompen. Las dos apestan, porque lo tóxico enferma. 

Una vez escribí un artículo sobre la “administración de carajos”. Encuéntralo en mi página web. Explica muy bien cuando decimos “No me alcanzan los carajos para gente así.”

¿Qué podemos decirnos a nosotros mismos sobre Daty? “Es una persona con mucho dolor, que finalmente también es un agente de la vida y hace lo que tiene que hacer, pero no por ello, debo permitir que nos haga daño. Le pido a la vida que la ilumine. Me retiro sin juzgar, ¡adiós!”

Y finalmente, sugiero que dirijamos nuestra energía a algo creativo y empoderador. Dediquémonos a lo nuestro y protejamos a nuestros hijos a como dé lugar.

¿Fácil?

Oh… de ninguna manera.

¿Vale la pena?

Cada segundo.

¿Qué eliges hacer?

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.