Cómo atender la ansiedad

Cómo atender la ansiedad.

Lejos de correr a empastillarte –que, sin sanar al problema de raíz, no te servirá de nada– corre a escucharte. Acompañarte. Es La Diferencia Del Mundo.

Ahorita estamos como refrescos agitados adentro de casa. Con todas las emociones hasta el tope, a punto de estallar por toda la cocina.

Pero, como siempre digo en mis cursos: todas las emociones son bienvenidas.

El problema es que el enojo, la desesperación, la ansiedad son emociones socialmente NO aceptadas, que si, les damos rienda suelta, luego hay que limpiar el cochinero… como el de un refresco explotado por toda la sala. (¡Auxilio!) Nos da tanta flojera tener que limpiar que nos las tragamos y las consecuencias internas están siendo pues… malas.

Peeeero, viendo un poco más arriba, entendiendo que todas las emociones vienen de una fuente de sabiduría, podemos ganar una perspectiva distinta sobre aquella ebullición interna.

La ansiedad – a pesar de lo horrible que es – tiene su sabiduría y su para qué

Imagina –en una situación normal– vas a una fiesta y hay algo que no te gusta, estás ansiosa y, sin tener una razón en particular, te quieres ir. Si le haces caso a tus instintos y te vas, seguramente al día siguiente te vas a enterar que había algo feo / malo / peligroso en la fiesta… “¡Ah! ¡Con razón! ¡Yo no me sentía a gusto! ¡Algo me latió!”

Ahora con la pandemia estamos todos con la ansiedad hasta el techo y ningún lado al cual huir. Pero este sistema interno de Modo – Sobrevivencia no se apaga. Nos dice, “¡Algo esta mal! ¡Algo esta muy mal! ¡Sal! ¡Corre! ¡Vete!”

Llevamos casi dos años así. Con el aviso interno a todo volumen, pero ningún lugar a dónde ir. No hemos encontrado una manera de sanarnos, con el Sistema de Alarmas hasta el tope, la mente confundida y torpe, y, el cuerpo ya esta enfermándose.

¿Qué podemos hacer?

Lo único que se hace con las emociones: Escúchala. Siéntela. Y suéltala.

Se necesita valentía y fortaleza para quedarse con las emociones. No es fácil. Es sentarte, literal, sentado en una silla / sofá / jardín, a sentir. Si te necesitas mover, salte a la calle a caminar, y regresa tu atención a las emociones y las sensaciones corporales.

¡No caigas en la trampa de la mente!

Muchas veces, cuando sentimos depresión y/o ansiedad, nuestra mente se empieza a preguntar –o a decidir– realidades inexistentes, el diálogo interno se vuelve oscuro y fúnebre, («mi vida apesta», «por qué no puedo ser como xpersona», «¿qué he hecho mal?… además de todo», y un largo etcétera)  alimentando más a la ansiedad y depresión.  Las emociones No Son para racionalizarlas, sino solamente para sentirlas.

Así que, quédate ahí hasta que sientas que ya se están transformado. Cuando esto suceda, ya no busques retomarla, al contrario, es el momento de soltarla. Ya te dijo lo que te tenía que decir (con sensaciones corporales), ya sentiste lo que tenías que sentir, ya fluyó de donde estaba atorada y… ya. A veces el cuerpo necesita llorar o golpear algo, en un lugar seguro, hazlo.

Muchas veces, por como fuimos educados, sentimos que si nos dejamos caer ante las emociones es el fin del mundo. Pero no lo es. Es el inicio de un nuevo mundo, una nueva realidad.

No te tengas miedo. Todas estas emociones eres tú. Tu luz interna que quiere ser escuchada. Eso es todo. Quédate ahí, acompañándote, amorosamente. 

Es posible que, si eres muy empático, la ansiedad no sea tuya. Pero de todas formas, la tienes que sacar. Sácala y ya. Observa de quién viene y para la próxima ocasión, no la absorbas.

Entonces, para trascender cualquier emoción, la única solución es sentirla. Es acompañarte como lo harías con tu mejor amiga. Y, después, soltar… como a un velo en el aire. En mensaje fue recibido y liberado.

Esa es La Libertad Real.

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