¿Qué pasaría si te dijera que los conflictos con tus hijos pueden terminar?

¿Qué pasaría si…?

¿Qué vas a aprender a saber qué hacer durante los momentos críticos?

¿Qué tú puedes dejar de vivir histérica y, en cambio, ser tranquila, compasiva y sabia?

¿Qué puedes tener relaciones cercanas y amorosas con tu familia?

¿Aceptas la invitación?

Como madres/padres sabemos que no queremos cometer los mismos errores que hicieron nuestros papas, porque sabemos cuánto nos dolió.  Sabemos que nuestra infancia no determina lo que podemos ofrecer a nuestros hijos.  Sin embargo, en el momento álgido regresamos a esas tácticas porque no sabemos qué otra cosa hacer. Nadie la pasa bien. Sabemos que los estamos hiriendo. Pero no sabemos qué otra cosa hacer.

Tu abuela te da un consejo (“más vale una buena nalgada a tiempo”), tu mamá otro (“dile que no sea tonto, que te obedezca”), tus amigas otro (“yo me paro ahí como policía y no me muevo hasta que lo termine –y si me desespero lo hago yo– ¡Oyeee, tiene que sacar buenas calificaciones!”) y tu ¿vives en conflicto porque ningún consejo te late, pero no se te ocurren otras tácticas?

Somos una generación de padres de familia muy confundidos y no sabemos ¿cómo ser un líder asertivo sin hacerlos pedazos? ¿Cómo apoyar su espíritu fuerte sin volverlos tiranos? ¿Cómo lograr que nos escuchen? ¿Cómo acompañarlos sin helicoptereárlos?

Y lo más importante:

¿Qué debo hacer para preparar a mis hijos para el mundo?

Los síntomas familiares que has estado sintiendo indican que ya es necesario un cambio, ¿debes seguir postergándolo?

Tomando el Taller de Disciplina con Conexión y Respeto, no aprenderás tácticas o fórmulas que funcionan de maravilla en el libro pero sólo ahí. Sino conocimientos profundos de cómo funciona el cerebro humano para que seas asertiva con tus niños. Evitarás las luchas de poder, los berrinches, los gritos, los pleitos y un tiradero de tiliches en casa. Tomando este taller sacarás a tu hijo que parece que entró a una «adolescencia temprana» desde los 2 años y, por más esfuerzos que tu haces, no sale de ahí.

Que les hables muy fuerte por que no te hacen caso y, después de la gritiza, te sientas con culpa.

La frustración terrible que se vive cuando el niño nos reta, nos muerde, nos pega o es grosero.

Ya no vivirás todo el día de pésimo humor, temiendo el tiempo que pasarás con tu hijo.

Evitarás el sufrimiento de no saber cómo calmar a la fiera y la desperación de no saber qué hacer en los momentos álgidos. Evitarás que la tecnología sobrelleve a tus hijos. Y como cereza del pastel, ya no discutirás con tu pareja sobre cómo educar a tus hijos.

Si quieres evitar  todo esto, inscríbete en el Taller de Crianza con Conexión y Respeto. En donde aprenderás no sólo cómo lidiar con tus hijos sino cómo disfrutarlos otra vez, a través de entender cómo funciona su cerebro, entendiendo porqué las herramientas típicas de crianza no funcionan, sabrás como bajar la histeria colectiva, qué hacer cuando se ponen rebeldes. Cómo comunicarte efectivamente a manera de que no sólo te escuchen sino que también hagan lo que les pides ¡y de buenas!

Y lo más importante:

Aprenderás qué es lo que tus hijos realmente necesitan para ser emocionalmente inteligentes, responsables e independientes para que eventualmente maduren y –no sólo sobrevivan, sino– triunfen en este mundo. 

Mi plegaria ustedes es que sean una familia realmente feliz. Que apliquen los conocimientos aprendidos para tener un Apego Seguro con sus hijos. Que construyan cimientos sólidos para criar adultos felices, exitosos, con confianza en sí mismos, en sus dones y en sus talentos. Y si algún día tus hijos te dedican una carta, que sea de amor y mucha gratitud.

Los berrinches los hacemos toda la vida

Los berrinches los hacemos toda la vida.

A los dos años, los hacemos porque mamá nos quita de la mano ese objeto fascinante y brillante que porque “corta”… ¡AGH!

A los cuatro años los hacemos porque yo le quiero arrancar la cabeza a ese niño que me estuvo molestando todo el día en el cole y su mamá no me dejó que porque “eso no se hace”… ¡AGH!

A los nueve años los hacemos porque le echamos mil esfuerzos a la tarea pero la maestra dice que “hicimos mal la multiplicación”… ¡AGH!

A los dieciséis los hacemos porque el chic@ que nos gusta no nos hace el menor caso que porque “hay otr@s más guap@s”… ¡AGH!

A los veinticinco los hacemos porque el jefe le dio mejor sueldo al zopenco que no trabaja bien que porque “él no me discute”… ¡AGH!

A los treinta y cinco –hasta los noventa– los hacemos porque la pareja “no esta de acuerdo con mi opinión”…¡AGH!

Esta es una parte del cerebro –la amygdala– que entra en automático, el Modo Sobrevivencia. Cuando nos sentimos asustados, atacados, con miedo, ¡PUM! Entra y toma el control del cerebro y de nuestras acciones reactivas. Hay personas que atacan, pelean y discuten. Habemos los que nos encerramos en nuestro cuarto a escuchar música triste y escribir.

Lo que esta tratando de hacer nuestro cerebro es asegurar nuestra sobre vivencia.

Lo interesante es que, cuando discutimos, nuestra vida no core peligro, pero nuestro cerebro así lo interpreta. ¿Porqué? Porque no garantizamos nuestra sobre vivencia si no contamos con la aceptación y el apoyo de nuestra tribu. Entonces con una discusión boba de “¡Odio las flores que pones aquí!”, el corazón bombea como si nos estuviera persiguiendo un león, la respiración es corta y superficial, la visión es como de túnel… es más creo que ni siquiera podemos afocar la vista ni al florero, ni a las flores, ni a nada.

Las Personas Altamente Sensibles, por la misma característica del rasgo, entramos en amygdala mucho más fácil y ante menor provocación. A veces con solo sentir el mal humor de otra persona, ya es suficiente para dejar de funcionar bien.

Los berrinches en nuestros niños los vamos a vivir constantemente. ¿Qué es lo que hace la diferencia? Cómo lidiamos con ellos. Cuando abrimos espacio a la escucha, a darle la bienvenida a su opinión y a su llanto, cuando los podemos abrazar y acompañar mientras se derriten en emociones ardientes.

Ya después, cuando la tormenta haya pasado, podemos preguntarle, “¿De qué te sirvió esa experiencia? ¿Qué se te ocurre que podamos hacer para solucionarlo / para que no vuelva a pasar?”

Y esta es La Gran Diferencia. Porque de sus respuestas saldrá su creatividad, su solución de los problemas, sus propuestas… esto es lo que hará de ellos un adulto diferente, propositivo, genial y feliz.

¿Que es lindo?

No. Para nada. Ni tantito.

¿Que vale la pena?

Si. Todo. Cada vez.

7 maneras para calmar a tu hijo a la hora de dormir

7 maneras para calmar a tu hijo a la hora de dormir

El miedo de nuestros niños suele ser ignorado por los adultos, “No hay nada de qué temer, el monstruo del armario no existe, no tengas miedo, no pasa nada…” Pero esta negación además de que genera más ansiedad en los niños, genera desconexión. 

Los Hijos Altamente Sensibles suelen ser más propensos aún en generar miedos de “la nada”, porque su sistema nervioso diseñado para la sobre vivencia –no para darnos lata.

A veces sucede que con solo mencionar “la hora de dormir” inicia El Drama Monumental. En otro artículo hablo sobre tips para las últimas horas del día.

Si ves que lo que haces no esta funcionando, observa qué esta pasando y haz cambios correspondientes. No hay ningún escrito oficial que indique que los niños deban bañar, merendar y dormir. Pueden bañarse a media tarde, pueden intercambiar la cena por el baño si tienen demasiada hambre. Pueden hacer lo que sea que a ustedes les funcione. Cada familia es distinta y cada noche es diferente.

La idea es que cuando lleguen a la camita ellos se sientan tranquilos como para poderse acurrucar y dormir.

Aquí hay una lista de 7 maneras para hacer de esta hora, algo más placentero y amoroso para todos.

1)Escúchalos

para que cualquier miedo que tengan puedan expresarlo en un lugar seguro.

2) Conecta

los niños necesitan más conexión a la hora de dormir. Piensa en los actos amorosos que él tuvo en la familia durante el día, (actos de servicio, tacto gentil con hermanito por ejemplo, palabras de afirmación y positivas, tiempo de calidad, etc.) recuérdales todas esas cosas bellas que hicieron y analiza cómo puedes llenar su Cubeta de la Atención antes de dormir.

3) Platiquen

sobre el siguiente punto de conexión –en lugar de separación.”Voy a venir a darte un beso.”, “Te veré en mis sueños”, “Mañana nos veremos para desayunar algo rico, ¿vale?”

4) Cuida tu tono de voz

un tono suave suele calmar a los niños, para eso sirve el tiempo de lectura o una platica sobre el día. El objetivo es calmar su sistema nervioso central en un ambiente amoroso y tranquilo.

5) El olor de papá o mamá

en una relación amorosa y segura, puede también bajar el estrés. Déjale un objeto o pieza de ropa que contenga tu olor.

6) Reflexiona

en todo el proceso que lleva hacia la hora de dormir, no sólo el momento de llegar a la cama. ¿En qué momento empieza a sentir tu hijo el estrés? ¿Cómo puede ser tranquilizado?  ¿Tienes sus cubetas bien llenas? ¿Han tenido suficiente movimiento durante el día? ¿Salieron a tomar el sol y el aire durante el día? ¿Hubo suficiente conexión durante el día? ¿Están llegando demasiado cansados y del peor humor? 

7) Hagan un ritual

Ritual es diferente que rutina. El ritual esta asociado con memorias positivas, cultura y sentido de pertenencia. Asegúrate de que tu familia tenga un Ritual de la Noche; algunos ejemplos pueden ser: escriban en un diario todo por lo que están agradecidos, “¿Cuál fue tu parte favorita del día?” un rezo, momentos de consciencia o un círculo para compartir. 

Cuando los niños se sienten amados, contenidos, protegidos y libres para expresarse y ser como son, pueden soltar el miedo y dormir profundamente.

Qué hacer cuando los hijos se pelean por los juguetes

Qué hacer cuando los hijos se pelean por los juguetes

Cuando los primos se pelean, es fácil porque salimos indefensa de nuestro crío sin dudarlo. Peeeero, cuando se trata de nuestros hijos, los dos (o tres, o cuatro) son nuestros, los amamos a todos… nos sentimos en una encrucijada.

Honestamente no sabemos qué hacer.

Algo importante es, como siempre, prevenir. Asegúrate que estén bien hidratados, sanamente alimentados, y si son Altamente Sensibles, bien descansados. Con su Taza de la Tolerancia en niveles óptimos.

Algo que debemos entender es que para los adultos unas cosas significan algo… pero para los niños significan otra cosa completamente diferente. Un ejemplo, para los adultos el arrebatar es algo verdaderamente horrible y grosero. Para los niños pequeños, es parte del juego. Para los niños más grandes puede significar, “te ayudo” o “yo sé la respuesta”. Entonces, antes de llegar a conclusiones de lo que deben o no deben de hacer, es importante, cambiar nuestra perspectiva a una más amplia.

A ese hermanito pequeño que tanto nos preocupa defender y proteger, no te estreses tanto, luego son los más aguerridos, justamente porque aprenden a establecer límites con el grande que se quiere pasar de listo, quienes, después llegan llorando, “¡Mamaaaaa Mateo me pegó!”, “Pues sí, entiendo que te duela, al mismo tiempo, quiero que recuerdes que tú le pegaste primero.”

Aquí hay una lista de 7 herramientas efectivas para desactivar la bomba:

1) Que no comparta si no quiere

Para los niños, sobre todo sus juguetes favoritos, los sienten como una extensión de su cuerpo.

Es importante darles la autorización de no prestar si no quieren. Es muy importante que sepan decir que “no” y que sepan que su “no” es totalmente válido y hay que respetarlo.

¿Porqué? Porque, en unos años, queremos que ella sepa decirle “¡NO!” al novio con esa misma determinación que solía tener a los 2 añitos… ¿si o no?

2) Todos los juguetes son de todos

Es cierto que los abuelos le regalan muñecas a la niña y carritos al niño y que suele haber una diferencia entre “lo tuyo y lo mío”, pero si queremos que haya menos pleitos, es una buena idea establecer que “una vez adentro, todos los juguetes son de todos…de mamá, de papá, del hermano, del perro… DE TODOS.”

Esto también sirve para evitar temas de sexismo, que si los niños quieren jugar con muñecas, puedan. Y si las niñas quieren jugar con carritos, puedan. Una vez me contaron de una nena que ponía los carritos de su hermano a dormir, los ponía en su camita, con su colchita y les daba el besito de las buenas noches. Hermoso, ¿verdad?

3) Sportscasting

Este concepto de Janet Lansbury es muy extraño, pero sí funciona. La idea es narrar las acciones de los niños como si estuvieras narrando un partido de football. “Julieta tiene el carrito, Mateo lo tomó de sus manos, a Julieta no le encantó la idea, Julieta realmente quiere el carro de vuelta…” Sin juzgar, ni apoyar, ni criticar. Palabras totalmente neutrales que narren objetivamente, lo que esta sucediendo.

Tu suegra te va a voltear a ver como si fueras realmente una loca, pero… ignórala. De verdad que funciona. ¿Porqué? Al narrar lo que esta sucediendo estás conectando el cerebro superior de los niños y esto evita que la amygdala entre en posesión del Modo Sobrevivencia, es decir, es una manera muy efectiva de deshabilitar la bomba.

4) Juego

Otra manera súper efectiva de deshabilitar la bomba es a través del juego. Tu papel es de alguien muy juguetón y torpe al mismo tiempo. “¡Hey tu! Godzila, ¡métete con alguien de tu tamaño! ¡Yo soy enoooorrrme y fuertísimooooo!” La provocas de manera que ve a que es un juego y para que salga corriendo atrás de ti, “¡Ay no, me equivoqué! ¡Tú eres muy rápida! ¡Tú eres muy fuerte!”

Si te fijas, ya dejó al hermano menor en santa paz.

5) Alaba cuando sean amables con su hermano

Así obtendrán una guía de lo que es adecuado.

Y ganarán más atención haciendo lo bueno –el objetivo es que dejen de hacer lo malo. Nutrir lo malo, hace crecer lo malo. Nutrir lo bueno… ¿ya me entendiste?

6) Déjalos discutir

Por dos razones,

1° Muchas veces los niños se las arreglan solos y si nosotros intervenimos, no solo se alarga más, sino que se complica.

2° Los hermanos son los mejores maestros para aprender a discutir y pelear; herramienta que necesitarán toda su vida. 

El objetivo, claro, es enseñarlos a discutir de manera productiva. Al principio vamos a tener que entrar como árbitros y enseñarles cómo se hace, “Julieta puedes expresarte durante los próximos cinco minutos sin interrupciones.”, “Mateo, ahora te toca a ti.” “Julieta opina (…x…)”, “Mateo opina (…y…) ¿cierto?”, “Ahora, ¿cómo se van a poner de acuerdo?”

7) Retira el juguete

Hay un momento en que el pleito escala a tope. Ya deja de ser divertido. Ya no es sano. Incluso y es hasta peligroso (por ejemplo cuando sucede en el auto). 

Ahí entras, te metes en medio y sacas el juguete en cuestión –que, en realidad, este tipo de pleitos ya no tienen nada que ver con el objeto, sino una razón más a fondo que habrá que analizar y resolver, pero de momento, ¡PUF! Castigado.

Van a llorar, se van a quejar, arderá Troya. 

Permítelo.

Que se expresen, es justo lo que quieres para entender la razón de fondo.

Que lloren, es justo lo que quieres para desahogar la tensión.

Ya cuando estén tranquilos, varias horas o un día después, aplicas la técnica anterior y después aclaras, “les regresaré el juguete solo después de que se pongan de acuerdo”.

Los niños no saben compartir, es una destreza que se enseña… con el ejemplo. La Gran Ironía es que nosotros tampoco compartimos, la verdad. No compartimos nuestra casa, ni nuestra pareja… queremos que los niños hagan algo que nosotros no hacemos.

Léelo otra vez.

La meta de socavar los gritos, si te fijas, es que no queremos pleitos. Pero es importantísimo permitir que sucedan pues, lo que debemos enseñar es: a solucionar desacuerdos.

Asegúrate de demostrarles a todos que los amas por igual, que son especiales independientemente de cómo se porten, y dales abrazos, a veces es lo que más necesitan.

Las 4 diferencias clave entre las Personas Altamente Sensibles y Trastorno de Procesamiento Sensorial (TPS)

Las 4 diferencias clave entre las Personas Altamente Sensibles y Trastorno de Procesamiento Sensorial (TPS)

Tanto los Niños Altamente Sensibles y los niños con TPS son afectados fisiológicamente por los eventos sensoriales, como sonidos altos, texturas duras o rasposas, luces brillantes, etc. Los Niños Prodigio (que, seguido son Altamente Sensibles) pueden también mostrar sensibilidad sensorial. 

¿Cómo puede una maestra o padres de familia saber si es Alta Sensibilidad o TPS?

Los Niños con TPS:

Tienen dificultad combinando la información que reciben de sus sentidos de una manera organizada. Esta es lo que se llama como Sensory Processing Disorder o Trastorno de Procesamiento Sensorial.

TPS solía considerarse una parte del espectro autista, pero ahora se considera un trastorno por sí mismo.

Según The Star Institute for Sensor Processing Disorder, “Una persona con TPS puede sobre–responder ante el tacto y encontrar la ropa, el contacto físico y otras sensaciones táctiles como insoportables y /o pueden responder de la misma forma ante algo visual o auditivo o cualquier otro estimulo sensorial. Otra persona puede bajo–responder y mostrar poca o nula respuesta ante la estimulación, incluso ante el dolor, demasiado calor o frio, dan una respuesta lenta. En niños con TPS, el procesamiento entre los músculos y las articulaciones están dañados, la postura y la psicomotricidad pueden estar afectadas. Estos niños tienen mala postura, son “torpes” y suelen tomar ayudar de las paredes cuando están parados, apoyarse en su mano mientras escriben, suelen salir pero no se mueven… Hay otro sub–tipo: trastorno de coordinación en el desarrollo (developmental coordinación disorder DCD) los niños son raros y torpes. Suelen ser insultados y bulleados en el colegio y nunca los eligen en la clase de deportes. Y hay otros niños que exhiben un apetito por la estimulación sensorial la cual se encuentra en perpetua exceso. A estos niños se les llama deseosos sensoriales. Parecen adictos a la estimulación. Suelen mal diagnosticarlos y mal medicados con Déficit de Atención e Hiperactividad.”

Los niños HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensibles en castellano):

Parecen ser similares a los TPS por la sobre–responsividad a las señales sensoriales. Sin embargo, investigaciones del cerebro indican que la diferencia se encuentra en cómo los HSP procesan la información. Las investigaciones demuestran que entre más sensibles sea la persona, su cerebro más pone atención a los detalles en su ambiente.

Los HSP suelen confundirse con los TPS en cuanto a la sobre – responsividad. 

Las diferencias claves:

° Los HSP casi no presentan problemas haciendo actividades normales de cada día o pueden aprender cómo adaptar sus respuestas ante ellos, lo cual los TPS no. 

° Los HSP pueden integrar la información sensorial que los TPS no. 

° Los HSP presentan empatía ante otros individuos, se dan cuenta de la belleza que los rodea, son trabajadores concienzudos, les gustan las artes y la música.

° Otra diferencia clave es que si un HSP esta con su sistema nervioso central relajado, es más tolerante ante los estímulos y puede organizarlos sin problema. Pero cuando esta sobre–saturado, su tolerancia es muy baja y su organización mental es nula. Es decir los síntomas parecidos al TPS se presentan una vez que esta sobre–saturado. En cambio los TPS presentan esta sobre–reactivad y confusión, constantemente.

Es decir, ambos coinciden en la alta reactividad ante los estímulos, sin embargo el rasgo de la Alta Sensibilidad, tiene 4 características básicas. La TPS solo tiene esa.

La Alta Sensibilidad es un rasgo creado por la naturaleza. El TPS es trastorno. El primero no tiene cura, por los mismo que no es patología.

Lo interesante es que, una persona no–sensible cree que la HSP esta exagerando en la respuesta ante el estímulo, pero la HSP solo esta respondiendo a más sutilezas en su ambiente.

A estas alturas, creo que es importante definir lo que es “normal”, es decir, “el promedio”. Algunas personas son más hábiles en organizar sus pensamientos que otras. Otras personas pueden dar discursos muy buenos sin notas. Algunos otros necesitamos notas o apuntes para organizar nuestros pensamientos. Y otras personas, tienen tantos problemas organizando sus pensamientos que su conversación no hace sentido a los demás. Es decir, el abanico de lo “normal” es muy… muy amplio. Y cada uno somos diferentes.

Si tienes duda si tu hijo puede tener TPS o es Altamente Sensible, asegúrate de ver a un experto que conozca y sepa diferencias uno del otro.

Fuentes:

Jadzia Jagiellowicz, PhD (Psych) and Veronica Ghazarian, OT Reg. (Ont.)

Gere et al, 2009

Jagiellowicz et al., 2010

https://www.highlysensitivesociety.com/blog/hspandsensoryprocessingdisorder

¿Antisocial o Altamente Sensible?

¿Antisocial o Altamente Sensible?

“Permíteme explicarte como soy (…y como somos algunas Personas Altamente Sensibles)

De la preparatoria tuve una amiga, a la cual ya no le hablo.

De la universidad, igual, solo una. A ella sí le hablo… una o dos veces al mes. Más o menos.

De las mamás del colegio, bueno, las saludo, pero no me he aprendido sus nombres, no sé a qué se dedican, si es que se dedican a otra cosa que no sea sus hijos.

De mis vecinos, bueno, todos me conocen porque salgo a caminar con mi perro, y, si no les retiro la mirada, me saludan. Pero si la vecina osa pintarse el cabello a otro tono, ya no sé quién es. No me preguntes dónde vive ni con quién, porque no sé. Y no me siento con el derecho de preguntarle.

Cuando iba en la universidad fui a pedir informes para hacer mi servicio social, la secretaria no me los quería dar porque no me creía que yo ya iba en octavo semestre, “¡No es posible! ¡Nunca te he visto!”

Cuando llegaba a mi trabajo, se quejaban todos de mi porque decían que no los saludaba. Sí los saludaba, pero no me escuchaban. Me moría de la pena interrumpir su plática matutina con mi “Buenos días, con permiso, estas parado frente a mi… gracias… bueno… si… ejem… bye…”

Mis amigas actuales son las esposas de los amigos de mi esposo. Si hay una reunión con mucha gente, prefiero quedarme en casa a ver una peli. Cuando nos vamos de viaje, yo me pierdo entre el bosque y los vuelvo a ver cuando es momento de volver a tomar carretera.

No espero que me creas, solo espero que abras tu mente. Que sepas que sí existen personas así. Que si me dedico a lo que me dedico es precisamente para dar a conocer este rasgo. A explicarles a los papás que si su hijo no saluda, no es por grosero o mal educado, sino porque no–puede. Realmente–sí–es–pedirle–mucho–porque–le–es–imposible. Que si yo le recomiendo a una mamá, un libro o una nutrióloga, 9 veces de 10, van a comprar el libro. Porque el libro no se enoja. No grita. No hay que salir de casa para verlo y no se ofende si no lo volvemos a buscar en seis meses. Que vivimos con la piel al rojo vivo y que todo–nos–afecta–sobre–manera. Que salimos de nuestra zona de confort cada vez que sale el sol. Cada vez que salimos de casa. Y que cada vez que nos conectamos a una sesión, aunque sea virtual, nos remueve un remolino interno lleno de ansiedad. Si la reunión es presencial, ¡olvídalo! Ya, salimos tan cansados que, no servimos para nada el resto del día. Lo que sucede es que la gente, sus emociones, sus pensamientos, sus palabras (que a veces no coinciden), sus expresiones faciales y corporales, su tono de voz… TODO nos afecta y sobre–satura. No es que seamos antisociales, es que somos Altamente Sensibles. 

Sí hay gente así. Esa realidad sí existe. No es flojera, ni falta de compromiso, ni timidez, ni introversión. Es un Sistema Nervioso Central distinto.

Por eso me dedico a lo que me dedico. Para darles a conocer, sí, a las demás Personas Altamente Sensibles por qué son como son, pero también a las Personas No-Sensibles que, esto, es una realidad para el 20% de la población. Que nos encantaría ser el alma de la fiesta, tener facilidad de palabra, don de gente y todas esas cosas… pues si. Pero no lo tenemos. No todos podemos ser así. Y si nos forzamos por mucho tiempo, tendremos que pagar un precio con nuestra salud neuronal, emocional y, eventualmente, física y psicológica.

La parte más difícil de mi trabajo es precisamente esa, explicarle a los papás no sensibles que su hijo es así. Y que así esta bien; su hijo es una gema preciosa y que brillará en su momento, en un espacio quieto y silencioso.

No espero que me creas. Solo pido un poco de empatía. 

Ahora, cabe aclarar que no todos los Altamente Sensibles son así. Pero sí la gran mayoría. Y no, no se quita.”

–Yo, ensayando en mi cabeza, por millonésima vez, cómo explicarle, sin animarme a decírselo… ¿me irá a comprender?

4 sencillos tips para la llegada del hermanito

Photographed by portrait photographer Becca Bond

4 sencillos tips para la llegada del hermanito.

Usualmente ya tenemos –más o menos– una rutina. Un pseudo orden. Algo de estructura… algo. Un poco. Bueno… un poquito –porque los niños alteran todo.

Y ¡Zaz! ¡Que llega el hermanito!

Yo digo que no es 1 + 1 = 2. Tampoco es multiplicación. El nivel de alteración es a la segunda potencia. Y se siente como ¡a la décima!

Aunque haya sido planeado, un bebesito tiene la tarea de mover absolutamente todos los patrones previamente establecidos.  La balanza que estaba delicadamente colocada, se va de cabeza. Si es así de fuerte para nosotros, ¿te imaginas cómo puede ser para tu hijo? Aquel pequeño ser que depende al 100% de tu constante atención, de un día para otro, te tiene como al 30%. Ese pequeño tlaconete, te absorbe casi totalmente. El mayor suele sentirse ignorado, totalmente hecho a un lado y sin importancia. A veces se ponen tristes, a veces agresivos. Pero el sentimiento origen es el mismo: esta asustado.

Este es el momento crítico… cómo nos comportemos aquí es la linea determinante: se amarán o se odiarán. Se apoyarán o se resentirán. Harán equipo o enemistad.

¿Qué podemos hacer?

1) Tomate el tiempo de conexión uno a uno

Este es un consejo que dicen mucho y a muchas mamás les parece totalmente imposible. Mi consejo es que sea durante la siesta o cuando el bebé se duerma en la noche temprano. Así será más fácil.

2) Espera retrasos o regresiones.

El hermano grande que ya había dejado el pañalito, vuelve a tener accidentes. Si ya había dejado el biberón, lo retoma. Si ya dormía solo, regresa a cama de papá, mamá y hermanito. 

Es normal. Y, de igual manera que llegó, se le pasará.

3) Involúcralo en la nueva dinámica.

Normalmente solemos asustarnos, “¡No seas tan brusco!” por instinto natural protegemos al bebesito y terminamos con un “¡Vete para allá!” alejando al hermano grande. Eso genera mucho resentimiento del grande contra el pequeño. En lugar de eso, es mejor involucrarlos.

“Tu tienes muy buen gusto, ¿quieres ayudarme a elegir una pijamita para tu hermanita?”

“¿Qué ropita quieres que le ponga, ¿la pijamita que tu elegiste o la que le dio tu tía Rosita?”

“¿Me ayudas a bañarla?”

Hazlos parte de la nueva rutina. Al hermano grande le encantará ayudar y sentirse útil.

4) Reconoce cuán difícil es su nuevo rol de hermano grande

Es parte del punto anterior. solo asegúrate de no avergonzarlo en el proceso, es decir, “Tuuuu, que eres el hermano grandeeee, deberiasssss ser mas… amable / compartido / adjetivo calificativo”

Nada de eso por favor. 

5) Pide su consejo para aumentar su empoderamiento

“Oye, tu que fuiste bebé hace poquito, ¿te acuerdas cómo dormías más tranquilo? ¿con el mosquitero o rodeado de almohadas? (…) ¿Me ayudas a colocarlo, por favor?”

Es ejercer su rol de Hermano Grande… si, pero sin avergonzarlo. ¿Notas la diferencia?

Tratándose de un Niño Altamente Sensible, es probable que necesite mucho… muuuuucho tiempo para adaptarse a la idea y ooootro montón de tiempo, a los cambios. Dáselo. Resuelve sus dudas. Abrázalo mucho. Síguele aclarando que el amor no se divide, sino que aumenta.

Recuerda que lo más importante de tu rol parental es la conexión, conexión, conexión. Y más conexión. No porque nuestro trabajo se haya potencializado a lo que parece la millonésima potencia, nuestro hijo mayor debe pagar el precio. Al contrario, hazlo parte de la nueva dinámica y será feliz de involucrarse, ayudar y ser parte de la ¡nueva familia grande!

Las 2 razones por las cuales los Niños Dicen Mentiras

…y qué hacer al respecto.

“¿Te lavaste los dientes?”

“Si…”

“¿Pusiste tu pijama en el cesto?”

“Si…”

Tú sabes que no es cierto. La reacción típica es que nos enojamos, gritamos, “Cuantas veces te tengo que pedir que…” o, amenazamos, “Cuando se te piquen los dientes, ¡verás…!”

Podemos vivir así todo el día, ellos mintiendo y nosotros haciendo corajes. Ellos no haciendo caso y nosotros explotando por millonésima vez. Y pueden pasar veinte años y seguimos igual. La vida familiar se vuelve sumamente estresante y llena de desconfianza. Con la panza torcida, en la madrugada, nos preguntamos “Algo en mi estrategia no esta funcionando. No puedo seguir con lo mismo esperando que el resultado sea diferente. ¿Por dónde puedo empezar?”

1) Entendamos el funcionamiento del cerebro de nuestros hijos.

Cuando los niños mienten es porque

– no se sienten emocionalmente a salvo para decir la verdad. 

– tienen miedo al regaño y creen que al decir mentiras, se salvan.

Nuestros hijos tienen otras prioridades, diferentes a las nuestras. Si ellos deben elegir entre terminar el juego o lavarse los dientes, mil y un veces elegirán el juego. Y esta bien, son niños. O, también sucede que, simplemente se les olvidó (si, otra vez) y cuando les “recordamos”, como no saben cómo zafarse y, por miedo, mienten. 

Generalmente reaccionamos con lo mismo lo que nuestros padres hacían con nosotros: los avergonzamos o los castigamos o les quitamos privilegios como “una semana sin tablet” (que no deberíamos dárselas desde un inicio), pero lo único que esto les enseña es que deben aprender a mentir mejor o a esconder bien las evidencias… no a dejar de mentir. Es decir, con nuestra explosión emocional, estamos generando el hecho de que ellos no se sienten emocionalmente a salvo.

Recuerda lo que vimos en el curso de Disciplina Sin Lágrimas (si no lo has tomado, tómalo, ¡esta lleno de herramientas efectivas!) cuando nosotros nos enojamos, ellos inmediatamente entran en amygdala y ya no hay nada que los regrese al cerebro superior. Las mentiras son solo el síntoma.

NOTA IMPORTANTE: los niños aprenden a mentir a partir de los 6 -7 años. Es cuando ya aprenden a “tomarnos la medida”. Pero a esa edad sus mentiras son de lo más inocentes, no hay nada maquiavélico atrás. “No mamá, yo no me comí el dulce” y ves el envoltorio atrás, sobre el sofá brillando como diamante.

Y nuestro miedo es que cuando ellos mienten, van a volverse malas personas y aunque no necesariamente ese será su destino, sí es buena idea aprender a corregir esto, pero de la manera adecuada.

¿Qué debemos hacer después?

2) Cambia tu perspectiva:

Tu niño, ahorita, no es mala persona. Es un niño normal. Buscando conexión, apoyo, aliento y un lugar seguro en donde pueda ser él / ella misma.

3) Ten curiosidad sobre lo que pueda estar pasando.

Cuando los niños tienen miedo a decir la verdad, ¿cuál es el secreto que están ocultando? Atrás de los secretos suele haber vergüenza, actúa con cautela y mucho respeto.

4) Reconstruye la confianza con conversaciones auténticas.

Dile con palabras, tono de voz y actitud, “aquí estoy para ti, quiero saber qué necesitas y cómo puedo ayudarte”.

5) Cambia el ambiente en casa:

Creamos esa seguridad emocional que tanto necesitan, es decir, un ambiente seguro para que puedan soltarnos la verdad que sea. 

Entonces, imagina (o recuerda) la imagen:

“Si me lavé los dientes mamá.”

Peeeero, el cepillo de dientes esta seco.

No te enojes. Respira y piensa bien qué y cómo lo vas a decir. Agáchate a su nivel visual y con voz amable, puedes decir algo así, “Entiendo que me quieres decir que ya te cepillaste los dientes. Sé que no lo has hecho. Me quieres contar ¿qué fue lo que pasó? ¿Necesitas que te ayude en algo?”

Si ya lo has regañado previamente en ese tema, lo más seguro es que te peleé de vuelta,

“¡SI ME CEPILLÉEEEEE, MAMAAAAA!”

Mantén la calma. Respira. 

“Sé que eso no es lo que ha pasado. Vamos a llegar a la raíz del asunto y vamos a pensar en algo que funcione para ti y para mi, ¿te parece bien?”

Algo importante de este proceso es mantenernos sin juzgar. Si esta mintiendo, repito, no es por malo, sino por que hay una necesidad importante que no esta siendo cubierta. Nuestro trabajo es escarbar hasta que esa necesidad salga a flote y atenderla.

“¿Te gustaría que te acompañe?” o “¿Tal vez no te gusta que te digan todo el día qué debes hacer?” o “¿Qué pasaría si lo hacemos juntos?” o “Probablemente no te gusta el sabor de la pasta dental?”

Si te fijas, no se trata de aplicar más castigos ante su “rebeldía”, sino de compasión. Seguridad. Honestidad. Empatía. Validación. Crear el espacio para que se sienta apoyado en la actividad y en su propia familia.

6) Cambia el ambiente. Hay muchas maneras de hacer de lo mundano, divertido.

“A mi tampoco me encanta hacer esto. ¡Hay que hacerlo más divertido! ¿Y si inventamos una canción del lavado de dientes? 

“Soy un dinosaurio 

con mil colmillos, 

he comido pillos 

que se irán 

¡con el cepillooooo!”

Y ya no tendrá miedo porque se esta divirtiendo.

Los niños son pequeños mucho más tiempo de lo que aparentan por fuera. Es posible que te pide que lo acompañes o que hagas algo que implica un mayor esfuerzo de tu parte. Siempre es mejor hacer ese pequeño empujoncito, porque si lo analizamos bien, es menor al esfuerzo que requeriría un griterío, castigos, enojos, azotones de puerta y “estoy haciendo todo mal, soy la peor madre del mundo” a las 3 de la madrugada.

El acompañamiento, el respeto, la conexión y el juego, siempre funcionan mejor.

Tips para guiar a nuestros Pre-Adolescentes

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Tips para guiar a nuestros Pre-Adolescentes

Muchas veces pensamos que, como hemos estado con nuestros hijos todo el tiempo de todos estos años, ya los conocemos. Pero, la realidad (y un poco a nuestro pesar) ellos cambian. Sus opiniones y gustos cambian. Y nuestro trabajo forjando un Apego Seguro debe continuar. 

Aquí hay una pequeña lista de cosas que no debemos olvidar y seguir cultivando:

1) Pregúntales sobre sus sentimientos y sobre lo que viven

– “¿Cuál es tu clase favorita?”

– “¿Qué es lo más difícil que haz hecho?”

El objetivo es acercarnos a ellos y realmente conocerlos. Y también darles una oportunidad para ser escuchados.

2) No tomes sus arranques emocionales personales

– “Puedo ver que no estas de humor para platicar ahorita, pero aquí estoy para cuando estes listo.”

3) Ayúdales a descubrir quien son y dónde pertenecen

– “¿Cuáles son los amigos que te atraen?”

– “¿Qué es algo que te gustaría intentar o aprender?”

Es primordial NO juzgar –ni sonar como si estuvieras juzgando. 

4) Pasa tiempo con ellos cada vez que puedas. Mantente sintonizada a lo que sucede en su mundo.

– “Voy a hacer algunos mandados, me encantaría tu compañía. ¿Quieres venir?”

El tiempo en el coche es perfecto para conversar.

5) Diles lo que observas. Cáchalos cuando hagan algo bueno.

– “Realmente te esforzaste mucho en ese proyecto.”

– “Vi que ayudaste a tu hermano. Gracias.”

6) Es posible que se alejen de ti, pero siguen necesitando de tu atención y amor incondicional.

– Déjales pequeñas notas en su almohada que digan, “Te amo”

– “Me gustaría saber cómo puedo ayudarte, ¿qué ideas se te ocurren?”

Date el tiempo para seguirte acercando a ellos. Esta etapa, al igual que las otras, van a pasar y queremos estar ahí bien presentes, conociendo, acompañando y apoyándoles.

“Durante la parentalidad es crucial darse cuenta que no estas criando a uni mini-yo, sino un espíritu palpitando su propia firma.”  Dra. Shefali

6 maneras de proteger mi energía como Persona Altamente Sensible.

6 maneras de proteger mi energía como Persona Altamente Sensible.

Las HSP (por sus siglas en inglés o Personas Altamente Sensibles en castellano) solemos tener un almacén de energía que se vacía muy fácil y rápidamente. Basta con una mañana ajetreada para ya no funcionar bien en la tarde… y no se diga de ¡un fin de semana pesado!

Aquí hay una pequeña lista de cosas que podemos hacer para proteger nuestra energía:

1) Me doy permiso para darme por vencida en lo que ya no funciona.

Esta bien ser resilente y seguir tratando cuando vemos que algo funciona y tiene un buen futuro. Esta bien, también, tomar descansos en lo que procesamos unas mejores maneras de abordar el asunto. Pero si ya vimos y comprobamos que ya se perdió, que no funciona, que no tiene futuro… esta bien dejar de perder energía en ello. Es sabio, incluso.

2) Me puedo tomar tiempo para responder a mensajes no urgentes.

Podemos checar nuestros teléfonos tres veces al día. Todo lo demás es puro estrés y gasto de energía. Si hay algo urgente, bueno, pues se atiende, claro. Pero si puede esperar, que espere.

3) Puedo ser “no-productivo” o no tomar más responsabilidades.

El “no–productivo” esta entre comillado, porque, en este siglo si no estamos trabajando los 1,440 minutos del día se considera una pérdida inútil de tiempo. Los HSP necesitamos descansar. Es imperativo ser no–productivo en algún momento del día, salirnos al jardín a ver las nubes pasar, por ejemplo. Y si para darnos este tiempo tan necesario de recuperación implica no aceptar más responsabilidades, pues, adelante. Tú conoces tus limites.

4) Paso menos tiempo con familiares que drenan mi energía.

Si ir a ver a tus tías te toma dos o tres día de recuperación, hay algo que no está bien. O no las vayas a visitar tan seguido, o, si no te puedes zafar, ve durante menos tiempo. Invéntate una cita inamovible (con tu sofá).

5) Puedo no ayudar, o no alcanzar las expectativas y/o decepcionar a la gente.

Cuando en el cole de tus hijos se esta organizando un Evento y piden la ayuda de las mamás, “levante la mano quien puede ayudar” … las HSP solemos escondernos abajo de la silla. Y esta bien. Si quieres ayudar hazlo dentro de tus propios limites. O ten consciencia de que te tomará algunos días para reponer energía.

6) Aviso a mis amigos y familiares cercanos cuando ya no tengo la capacidad de estar totalmente presente.

A veces, después de tener una semana llena de cosas, y nuestra taza de la tolerancia esta explotando y nuestra amiga sigue contándonos todos los pormenores de lo que su Ex le dijo, haciendo bizco le podemos decir, “Disculpa hermosa, hace diez minutos dejé de entenderte, estoy cansada. ¿Y si mejor nos vemos otro día?”

Entiendo perfectamente que esto puede sonar bastante controversial, pues estamos rompiendo las reglas de “lo que debe ser” afuera. Pero estamos cumpliendo “lo que debemos hacer” adentro. Para nosotros mismos. Puede sonar egoísta, pero, en realidad, se trata de llenarnos de energía para poder estar bien para los demás. Si nosotros estamos drenados, andamos del peor humor y todo nos sale mal. Es totalmente contraproducente. Es mejor poner limites, hacer lo sano para nosotros, estar contentos y toda nuestra familia nos lo agradecerá aún mas. 

La sociedad no nos va a dar el permiso para ser así, lo tenemos que tomar nosotros.

A decir verdad, esta lista, también, puede darnos un enorme alivio. “Puedo darme el derecho a Ser como Soy… (*suspiro*)”

Qué hacer cuando los Acuerdos que hicimos con nuestros hijos, No Funcionan.

Qué hacer cuando los Acuerdos que hicimos con nuestros hijos, no funcionan.

Cuando mi hijo decidió romper su parte del acuerdo entre en una verdadera crisis. “¡¡¡¿¿¿C-c-c-como???!!!” “¡¡¡¿¿¿P-p-pero p-p-p-orqueeee???!!!”

En mi mente de adulto creía que si ya habíamos hecho un acuerdo, sí o sí tenía que cumplirlo. Había sido mi método perfecto para llevar la paz y ahora que dejó de serlo, no sabía qué hacer, ni porqué, ni cuándo, ni cómo.

Cuando los niños rompen su parte del acuerdo no es que sean irresponsables, crueles, maquiavélicos ni malos niños. Pueden ser varias razones:

1) Simplemente están probando sus límites. “¿Hasta dónde puedo llegar?”

2) Están llenando su Cubeta del Control, parte no-negociable del cerebro humano, –si no sabes de qué hablo ¡toma el curso de Disciplina Sin Lágrimas!

3) Cumplir su parte del acuerdo les está haciendo daño (ej: forzarse a comer cuando ya no tienen hambre)

4) De momento pensaron que iban a poder cumplir, pero a la mera hora no pueden o no saben cómo (ej: una tarea del cole que no entienden cómo hacerla)

5) Están demasiado cansados como para exprimir energía para, por ejemplo, limpiar su habitación.

Parte de la parentalidad autoritaria que queremos tener con nuestros hijos, implica escucharlos, saber la razón por la cuál no están cumpliendo, hacer valer su voz y punto de vista y ceder en algunas de nuestras costumbres o expectativas. Para esto sirve mucho hacer acuerdos. Hay un artículo en mi página web que explica qué es y cómo se hacen. Pero básicamente se reduce a:

Yo cedo en “x” y tu en “y” y nos encontramos a medio camino.

Yo cedo en tener toda mi casa ultra limpia y el hijo cede en ordenar sus juguetes.

¿Va?

¡Va!

Peeeeero… muchas veces alguna de las partes no cumple su parte. Nosotros los adultos creemos que por que ya dijimos las cosas, los niños ya entendieron. Y no. De ninguna forma. No hay manera, son niños, su psique, su experiencia, sus neuronas no dan el largo y ancho de nuestras expectativas. No hay forma. Y entonces, posiblemente después de jugar, ya es tarde y “olvida” acomodar y recoger. Cuando mamá le recuerda, hay pleito. “Es que ya estoy cansado”, “¿Porqué yo?”, “No quiero”

Y ahí es cuando ya no sabemos qué hacer, ¿cierto? Queremos dejar de hacer acuerdos porque creemos que no están funcionando. 

Sigue leyendo, aquí encontrarás respuestas.

En lugar de tirar a la basura una magnífica herramienta súper efectiva y empoderadora, es mucho mejor, esperar, tomar una pausa (puede ser de varias horas o incluso días) y ya en nuestro centro, sentarnos a dialogar. Investigar. Analizar. Replantear.

Y ahí es cuando

1) entendemos su perspectiva

2) nos mantenemos firme en lo importante

3) explicamos

4) re-negociamos

5) rompemos

Cualquiera de las cuatro razones mencionadas arriba son suficientes para meter a un niño en Modo Sobrevivencia, su amygdala se activa y dejan de ver… bueno, dejan de ver todo y también las ventajas de hacer acuerdos. Por eso es importante dejar pasar tiempo, que se enfríen las emociones, salir de amygdala y después, hay que explicárselos.  Es decir, este “mal comportamiento” en realidad es la invitación a más diálogo y más acuerdos.

1) Entendemos su perspectiva 

“¿Porqué has roto tu parte del acuerdo, quiero entenderte?”

Y te pueden responder con cosas como,

“No entendí qué querías de mi.”

“No super cuál era mi parte.”

“Pensé que podía hacerlo, pero no…”

“Pensé que iba a ser más fácil, pero a la mera hora, no supe cómo…”

2) Nos mantenemos firme en lo importante

“Puedo entender tu punto de vista. La escuela no es negociable. En cambio con ‘x’ sí podemos negociar.”

Recuerda, temas de salud, seguridad, integridad, ética NO son negociables.

3) Explicamos 

“Mi idea de hacer acuerdos era mantener la paz, pero como haz decidido no cumplir con tu parte, pues de nada me sirve porque nos peleamos de todas formas.”

“Mi idea es hacerte partícipe de las decisiones de la familia…”

4) Re-negociamos o nos abrimos a nuevas ideas

“No haré acuerdos contigo esta semana porque has roto los que hicimos.”

“Si a ti se te ocurre otra forma de solucionar el problema, yo encantada de escucharte. No me tienes que responder ahora, piénsalo un par de días y luego volvemos a platicar.”

“El reto / asunto es X ¿Cómo le vamos a hacer?”

“¿Qué va a pasar si no cumples este acuerdo nuevo? Quiero que tú establezcas la consecuencia.”

Esta es una parte genial porque ellos son los que se hacen responsables del siguiente paso y las siguientes ideas. Debo admitir que son ¡fantásticas!

5) “Tú eres más importante que el acuerdo.”

Hay veces que tenemos que romper los acuerdos, como cuando nuestra integridad, nuestra seguridad, nuestra felicidad están en juego. Por ejemplo si estamos en un mal matrimonio, o si le hemos prometido algo a un amigo y nos damos cuenta que esta metido en algo ilegal… hay momentos que debemos ponernos como prioridad. Hay veces que nuestros hijos van a romper el acuerdo, cuando están demasiado cansados, o cuando les duele, o van en contra de sí mismos. Y esta bien. Esta es una lección muy MUY importante de enseñar, “No por haber hecho un acuerdo de “ser los mejores amigos de por vida” significa que te tienes que aguantar estupideces. De ninguna manera. Tu felicidad, tu integridad, tú como persona eres más importante que cualquier acuerdo.” 

En un caso sencillo de, “Mamá, sé que te prometí limpiar mi habitación, pero no puedo cumplir porque estoy demasiado cansado” debemos estar abiertos a recibir esto. La consecuencia previamente pactada se aplica amorosamente. Pero debemos aceptar que su integridad va primero SIEMPRE.

Si, se vuelve un ejercicio constante de «estire y afloje». Al mismo tiempo, los beneficios son increíblemente buenos. Además, ¿qué no hacemos eso todo el día en el trabajo?

“Todo en la vida es una negociación”, dice un amigo muy querido. No creo que “todo”, pero sí una gran parte del éxito. Porque es a través de esta negociación que están aprendiendo a ser inteligentes, pensantes, creativos, responsables, están sacando su temple y su personalidad a brillar. ¡Es una belleza!

¡Síguelo poniendo en práctica!