¿Qué pasaría si te dijera que los conflictos con tus hijos pueden terminar?

¿Qué pasaría si…?

¿Qué vas a aprender a saber qué hacer durante los momentos críticos?

¿Qué tú puedes dejar de vivir histérica y, en cambio, ser tranquila, compasiva y sabia?

¿Qué puedes tener relaciones cercanas y amorosas con tu familia?

¿Aceptas la invitación?

Como madres/padres sabemos que no queremos cometer los mismos errores que hicieron nuestros papas, porque sabemos cuánto nos dolió.  Sabemos que nuestra infancia no determina lo que podemos ofrecer a nuestros hijos.  Sin embargo, en el momento álgido regresamos a esas tácticas porque no sabemos qué otra cosa hacer. Nadie la pasa bien. Sabemos que los estamos hiriendo. Pero no sabemos qué otra cosa hacer.

Tu abuela te da un consejo (“más vale una buena nalgada a tiempo”), tu mamá otro (“dile que no sea tonto, que te obedezca”), tus amigas otro (“yo me paro ahí como policía y no me muevo hasta que lo termine –y si me desespero lo hago yo– ¡Oyeee, tiene que sacar buenas calificaciones!”) y tu ¿vives en conflicto porque ningún consejo te late, pero no se te ocurren otras tácticas?

Somos una generación de padres de familia muy confundidos y no sabemos ¿cómo ser un líder asertivo sin hacerlos pedazos? ¿Cómo apoyar su espíritu fuerte sin volverlos tiranos? ¿Cómo lograr que nos escuchen? ¿Cómo acompañarlos sin helicoptereárlos?

Y lo más importante:

¿Qué debo hacer para preparar a mis hijos para el mundo?

Los síntomas familiares que has estado sintiendo indican que ya es necesario un cambio, ¿debes seguir postergándolo?

Tomando el Taller de Disciplina con Conexión y Respeto, no aprenderás tácticas o fórmulas que funcionan de maravilla en el libro pero sólo ahí. Sino conocimientos profundos de cómo funciona el cerebro humano para que seas asertiva con tus niños. Evitarás las luchas de poder, los berrinches, los gritos, los pleitos y un tiradero de tiliches en casa. Tomando este taller sacarás a tu hijo que parece que entró a una «adolescencia temprana» desde los 2 años y, por más esfuerzos que tu haces, no sale de ahí.

Que les hables muy fuerte por que no te hacen caso y, después de la gritiza, te sientas con culpa.

La frustración terrible que se vive cuando el niño nos reta, nos muerde, nos pega o es grosero.

Ya no vivirás todo el día de pésimo humor, temiendo el tiempo que pasarás con tu hijo.

Evitarás el sufrimiento de no saber cómo calmar a la fiera y la desperación de no saber qué hacer en los momentos álgidos. Evitarás que la tecnología sobrelleve a tus hijos. Y como cereza del pastel, ya no discutirás con tu pareja sobre cómo educar a tus hijos.

Si quieres evitar  todo esto, inscríbete en el Taller de Crianza con Conexión y Respeto. En donde aprenderás no sólo cómo lidiar con tus hijos sino cómo disfrutarlos otra vez, a través de entender cómo funciona su cerebro, entendiendo porqué las herramientas típicas de crianza no funcionan, sabrás como bajar la histeria colectiva, qué hacer cuando se ponen rebeldes. Cómo comunicarte efectivamente a manera de que no sólo te escuchen sino que también hagan lo que les pides ¡y de buenas!

Y lo más importante:

Aprenderás qué es lo que tus hijos realmente necesitan para ser emocionalmente inteligentes, responsables e independientes para que eventualmente maduren y –no sólo sobrevivan, sino– triunfen en este mundo. 

Mi plegaria ustedes es que sean una familia realmente feliz. Que apliquen los conocimientos aprendidos para tener un Apego Seguro con sus hijos. Que construyan cimientos sólidos para criar adultos felices, exitosos, con confianza en sí mismos, en sus dones y en sus talentos. Y si algún día tus hijos te dedican una carta, que sea de amor y mucha gratitud.

Los Hijos Competitivos

Los Hijos Competitivos

Soy cero – C.E.R.O – competitiva.

Tal vez se deba a que mi papá era competitivo y siempre nos ganaba –por obvias razones– y yo me daba por vencida desde antes de intentarlo.

O tal vez se deba a la empatía.

O por flojera.

No sé bien.

Cuando era adolescente, era buenísima en tenis. Buenísima. Sabía perfecto cómo iba a caer la pelota, cómo iba a rebotar y, lo más importante, cómo golpearla para ponerla exactamente del otro lado de la cancha y agotar a mi contrincante. Mi maestro me ponía jugar contra hombres. Pero yo los dejaba ganar. En serio. Porque sabía que no iban a poder con el trauma de saber que una chica güerita de ojo azul, les ganó. (Claro que, antes ¡los hacía sufrir ja, ja!)

Me queda claro que no soy competitiva, pero la razón de origen, no. Puede ser simple estupidez, falta de ego… empatía. O pacifismo. No sabría ponerle una etiqueta. 

En general las Personas Altamente Sensibles, solemos ver más allá de nuestro ego. Solemos ver y tomar en cuenta la reacción en la otra persona. Solemos esquivar la “zona de fuego” para seguir en paz y tranquilidad o simplemente no sobresaturarnos. Al grado de que mi entrenador me quería llevar a torneos pero yo no quería porque me parecía estúpido el concurso de “a ver quién puede más”, “a ver quién es mejor”. Nunca le encontré sentido ponerme al tú por tú contra alguien. Es decir, prefería conservar la paz que demostrarle a alguien que siempre sí puede ser derrotado.

Jugando basket ball (ahí sí era malísima) pero las del otro equipo se ponían súper agresivas y yo, “Okay, ¿dónde firmo para decir que ya ganaste y terminar esto en los siguientes cinco segundos?”

En las Olimpiadas Escolares, me inscribí en carreras individuales de 100 y 200 metros, porque me pareció lo más pacífico, pero terminando le pregunté al juez, “¿Perdí, verdad? ¿Ya me puedo ir a mi casa?” Me daba flojera tener que regresar otra mañana para las semifinales.

Me gustaba pasarla bien, relajada y sentía que el “yo puedo más que tú”, saca lo peor de las personas. Y no me interesaba entrarle, durante un tiempo. Años después, ya no le entraba porque sentía que iba a perder sin esperanza alguna. En algún lugar del camino perdí toda mi seguridad.

Evidentemente, no todos los HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensibles) son como yo. Mi hijo es súper competitivo y eso le sirvió para aprenderse las multiplicaciones –todas– en una semana.

Como sea que sean tus hijos, lo importante es:

1) ver de dónde viene su falta –o exceso– de competitividad

2) enseñarles un punto medio. 

– Si es competitivo, que aprenda a ser empático. Sí, demostrar que uno puede es lindo siempre y cuando no hiera a los demás. 

– O si es demasiado empático, que aprenda a darse su lugar en el mundo. Sí, mantener la paz es importante, pero no al grado de nulificarse a uno mismo. 

Observa bien a tu hijo. Y actúa acorde. El objetivo final es que tu hijo sepa que sí puede y que puede lograrlo pacíficamente.

Una herramienta magnífica para esto es ¡el juego! Juega con tu hijo y permite que gane. No te preocupes, la vida –los amigos, hermanos, primos– se encargarán de hacerle saber que no siempre se puede ganar. El objetivo primordial es que sienta que sí puede. Que sienta que su opinión, su participación, su punto de vista, su fuerza son siempre bienvenidas porque son importantes. Es darle fuerza para enfrentar a la vida ¿qué mejor lección podemos darle?

¿Qué hacer después de que le grité a mi hijo?

¿Qué hacer después de que le grité a mi hijo?

Estamos determinados a ejercer una parentalidad diferente, a no cometer los mismos errores que nuestros papás porque recordamos cuánto nos dolió. Estamos haciendo muchos esfuerzos, leyendo mil libros, yendo a cursos y… de repente, en un momento estresante ¡ZAZ! Ahí estamos repitiendo patrones. 

Es importante entender que nosotros también tenemos amygdala, que también se nos activa y que a veces perdemos el auto-control y hacemos cosas de las cuales nos arrepentimos …y no sabemos cómo corregir o sanar nuestro error.

Lejos de darnos de topes contra la pared, mejor apliquemos estos 6 pasos:

1) Lo primero que debemos hacer es trabajar en nosotros mismos. Calmarnos, respirar, regresar a nuestro centro. Después, cuando estemos en Cerebro Superior, ir a reconectar con nuestro hijo.

2) Aceptemos nuestro error con auto-compasión y aprendamos de ello

Puedes decirle algo así:

“Te grité horrible, también cometo errores. Perdí el control y no debí. Puedo aprender de esto.”

Con esto tu hijo aprende:

– A ser responsable por las propias acciones 

– Sobre el auto-control. 

– “Los errores no son el fin del mundo. Todos los cometemos.”

3) Explica lo que sucedió y lo que te gustaría cambiar

Puedes decir algo así:

“Grité porque me sentí frustrada. La próxima vez que me sienta sí de alterada, tomaré tres respiraciones profundas para calmarme antes de hablar.”

Con esto tu hijo aprende a:

– Regular sus emociones y reacciones

– “Si me altero, puedo elegir un camino diferente para reaccionar.”

4) Usa la curiosidad para evitar que se repita

Puedes decirlo así:

“¿Me pregunto porqué esta situación me alteró tanto?” 

Tu hijo aprenderá que:

– Las relaciones toman esfuerzo y comunicación

– “No importa cuán adulto sea, siempre voy a seguir aprendiendo sobre mí y los demás.”

5) Cuenta una experiencia de tu propia infancia

Puedes platicar algo así:

“Cuando yo era niña, mi mamá se ponía como loca cada vez que salíamos a la calle. Tenía mucho miedo que nos fueran a atropellar. Creo que ese miedo lo tengo también y por eso te grité de esa forma.”

Tu hijo aprenderá que:

– Nuestro pasado nos forma y nos afecta de maneras no planeadas.

6) Hagan un plan entre dos:

“Dudo que este miedo se me vaya a quitar de un día para otro. ¿Cómo ves si cuando salgamos te mantienes junto a mi? Yo te aviso cuando puedas correr… ¿o tienes una mejor idea?”

CUIDADITO con decirle, “Perdón, pero es que tuuuu…” o “Discúlpame pero fue tu culpa porque….” Nada de eso por favor. Ya no es momento de enseñar, esa oportunidad ya se nos fue. Es momento de reconectar y sanar la relación. 

Cuando validamos nuestros errores enfrente de nuestros hijos, les enseñamos que esta bien ser humanos, que cometer errores es normal, que es importante sanar la relación, cómo se demuestra la responsabilidad, los invitamos a ser vulnerables, dispuestos a seguir aprendiendo y ha resolver problemas.

Todos tenemos amygdala y ego. Lo importante es surfear por arriba de ellas y salir avante tomando de la mano a de nuestros hermosos hijos.

Reglas y Consecuencias

Reglas y Consecuencias

En otros artículos hemos hablado sobre la diferencia entre castigos y consecuencias. Aquí vamos a ver cómo les podemos explicar qué son las consecuencias y cómo es que nadie se salva.

Regla: “puedes comer un dulce al día…”

Consecuencia: “…si comes más, se van a la basura.”

Cuando sorprendí a mi hijo con 5 envolturas escondidas en el sofá y le tiré los dulces, claaaaro que no le gustó. Claro que me protestó, “¡no es justo, eres la peor mamá del mundo!”

Esa misma mañana tuve que aplicar otra consecuencia, pero al perro:

Regla para el perro: “Te puedo quitar la venda…” 

Consecuencia: “…pero si veo que te rascas te la vuelvo a poner.”

(Aquí la historia del perro) 

Cuando le vimos toda la espalda roja y los puntos de la suturación un poco masticados, le pedí a mi hijo que me ayudara a agarrar al perro para ponerle la venda. Y mientras platicamos:

“¿Cuál era la regla?”

“Que no se rascara.”

“¿Y se rascó?”

“Si.”

“¿Cuál es la consecuencia?”

“¡Le volvemos a poner la venda!”, dijo entre risas comprendiendo.

“Exacto. Y ella opina, “no es justo, eres la peor mamá del mundo, no me he rascado, eso rojo es porque me picó un mosquito… ¡Waaaaahhh, no quiero…!”

Y nos seguimos riendo sobre la opinión del perro en cuanto a su venda.

Es decir, cuando les sucede a ellos no están de acuerdo, pero cuando podemos ejemplificar la regla con alguien más, empiezan a entender el funcionamiento y la lógica de las reglas y sus consecuencias. Y puedes utilizar cualquier ejemplo:

“¿Se vale estacionarte en un lugar prohibido?”

“No.”

“Y yo lo hice, ¿verdad? ¿Y qué pasó?”

“Vino el policía y te puso una infracción.”

“Exacto. Es la consecuencia de romper una regla.”

O, “no pagamos la tarjeta de credo a tiempo y la consecuencia son los intereses”.

Ejemplos hay miles. Incluso en las películas o series. “Su trabajo era entregar a baby Yoda. Como no lo hizo, ahora todo mundo lo persigue. Hizo lo correcto, sin embargo, esa es la consecuencia.”

Utilízalos para que ellos entiendan cómo funcionan. Y que si deciden romper las reglas… bueno, se vale. Claro. Deben tener una muy buena razón para hacerlo y la disponibilidad para pagar la consecuencia. Ahí es donde se encuentra el libre albedrío y la fortaleza de carácter… que también es algo que debemos apoyar en nuestros hijos. Si hay algo en lo que verdaderamente creen e intuyen que vale la pena romper las reglas, tras una larga conversación, es ¡ importantísimo apoyarles !

Nuestros hijos deben tener la fuerza para cambiar las cosas, y la deben encontrar en nosotros.

Qué hacer cuando los hijos no platican

7 tips sobre cómo iniciar una conversación a la hora de comer

Es muy probable que esta plática te suene conocida:

“¿Cómo te fue?”

“Bien.”

“Um… ¿y qué hiciste?”

“No me acuerdo.”

FIN.

Toma en cuenta que no es tarea de tu hijo iniciar una conversación, esa tarea es nuestra. Y es de suma importancia platicar, el truco es saber cómo.

Si queremos conversar con ellos recién salidos del cole, lo más seguro es que no sea posible porque están sobre saturados, así que, después de darles un tiempo de des–saturación, para que puedan contactar con su cerebro superior, aplica alguno de estos 7 tips para poder tener una conversación que dure más de dos frases y poder reconectar.

1)  Inicia alentando:

“Me encantó tu historia de ayer…”

“Me gustaría saber tu opinión sobre…”

“Sueles tener una perspectiva interesante…”

2)  Haz preguntas para que exploren sus pasiones:

“Si pudieras intentar cualquier deporte, ¿cuál sería?”

“Si pudieras ir a cualquier lugar del mundo, ¿a dónde irías?”

“Si pudieras conocer a cualquier personaje de la historia, ¿a quién elegirías?”

3)  Involúcralos a solucionar problemas:

“Necesitamos trabajar en el jardín, ¿por dónde quieres empezar? ¿Sembramos la planta o cortamos el pasto?”

“El cumpleaños de Abue ya se acerca, ¿qué crees que le gustaría hacer?”

4)  Pregúntale sobre su día:

“¿Qué viste hoy que fuera interesante o inusual?”

“¿Qué hiciste hoy que te costó trabajo?”

“Hubo algo que te hubiera gustado hacer diferente?”

5)  Comprende cómo ven al mundo:

“¿Qué es algo bueno de tu amigo?”

“¿Cuál crees tú que sea el mejor trabajo del mundo? ¿…y el peor?”

“Leí algo hoy, me gustaría saber tu opinión…”

6) Comparte tus propias experiencias:

“Recuerdo cuando yo reprobé matemáticas…. fue horrible. Me sentí fatal.”

“Tengo una amiga muy querida, pero a veces no estamos de acuerdo.”

“Me la pasé viajando durante mis veintes, me encantó aprender sobre las diferentes culturas.”

“¿Sabes qué me pasó hoy? (…) ¿Cómo ves?”

7)  Analiza la película o serie que vieron:

“¿Cuál fue el mayor logro del personaje principal?”

“¿En cuáles áreas tuvo que madurar x personaje?”

“¿Cuál fue el reto de x personaje? ¿Cuáles miedos tuvo que vencer?”

Por supuesto, cuando responda, asegúrate de prestar TODA tu atención. Comenta sobre sus respuestas, «¿Me podrías explicar más?», «¿En serio? Yo hubiera asumido todo lo contrario!», «¿Era grande o chica? ¿Azul o verde?»… la pregunta que en ese momento se te ocurra para engancharlos en la conversación.

La idea de platicar (y no tener a cada quien viendo sus pantallas) es para:

– conectar, por supuesto. Fortalecer el Apego Seguro.

– su rendimiento académico mejorará

– su auto-estima mejorará

– puede disminuir la depresión y ansiedad

– mayor resilencia

– bajará los desordenes alimenticios

– elevará su nivel de alfabetización y elocuencia 

Los humanos conectamos a través de la expresión física, los abrazos, besos y apapachos. Y también a nivel verbal. Historias, cuentos, conversaciones interesantes son de las cosas que un Niño Altamente Sensible disfruta mucho debido a su alto nivel de procesamiento. 

Cuando crecen hubiéramos querido grabar esas pláticas y todos los detalles que nos compartieron, son ¡oro puro!

Somos Paradojas Caminantes

Las 12 razones por las cuales los HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensibles en castellano) somos paradojas caminantes:

1) A veces somos introvertidos y a veces nos encanta la gente

2) Queremos contacto humano pero nos sobresatura

3) Apoyamos a los demás, pero negamos nuestras propias necesidades

4) Somos ambas: creativos y racionales

5) Nos encanta el detalle pero también vemos la imagen amplia

6) Podemos ser sumamente perceptivos, pero al mismo tiempo somos inocentes y crédulos

7) Somos tranquilos y, a la vez, apasionados

8) Somos juguetones y, al mismo tiempo, responsables

9) Solemos ser rebeldes pero no nos gusta que nos regañen cuando rompemos las reglas

10) Nos comprendemos… y no nos comprendemos

11) Nos gusta la innovación, pero elegimos lo conocido y predecible

12) Podemos tener muchas ideas y soluciones a un problema, pero no nos decidimos por una

Podría ser imposible entendernos. Es más, lo es, para las personas normales e incluso para nosotros mismos cuando no sabíamos qué somos.

Una vez que comprendemos cómo funciona la mente Altamente Sensible nos es fácil comprendernos –y comprender a nuestros hijos HSP. Y aceptar todos esos “a según”, “depende”, “ayer si, hoy no”… Abrazar los opuestos y aprender a surfear entre ellos.

Conócete a ti mismo, decía Platón.

La Época Navideña para las Personas Altamente Sensibles

La Navidad para las Personas Altamente Sensibles

Es cierto que las época navideña puede ser extra–mega–súper–ultra sobre saturante para las Personas Altamente Sensibles, incluyendo niños.

Vivimos problemas que solo los HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensibles en castellano), podemos comprender:

1) Toda la presión de correr todo el día, 

mil cosas que hacer para las posadas de la escuela, la natación, el inglés, el trabajo, cierre de año, preparar las cenas de lo que parecen millones de eventos sociales y un sin fin de pláticas banales.

2) Tener que soportar a los comentarios agresivos pasivos como, “¿Y porqué solo un hijo?”, “¿Porqué todavía soltera? ¿Ya te quedaste?”, “¿Porqué nunca hablas?”, etc.

3) Ser esponjas emocionales y empaparnos de los sentimientos de todos los demás.

4) Demasiado estímulo externo, de ruidos, lucecitas, comida, etc.

5) Cambio de nuestras –minuciosamente calculadas y perfectamente cuidadas– rutinas …más los ¡desvelos…!

6) Es demasiado en general.

La sensación es como si quisiéramos tomar agua de una manguera de bomberos. 

Pero, mi Mentor también me ha hecho ver dos aspectos importantes. 

Uno, “Ves a la gente por las calles, gastando su dinero, cargando un montón de cosas, que… no son para ellos mismos. Es una época bonita por que la gente, da.”

Y dos, “En una temporada que es físicamente fría, la gente se reúne para comer, compartir y reír… todos esos eventos dan calor. Del calor bonito que los humanos necesitamos. Es una forma muy sabia de balancear el clima.”

Yo, Grinch Profesional… me siento conmovida por sus palabras. 

Entonces…

Si, es una lata. Un correr. Un agotamiento indescriptible. Si. Debemos darnos nuestros tiempo para hacer bizco en el sofá con un te calientito abajo de 38 cobijas.  Aprender a sentirnos cómodos ante la vulnerabilidad y lograr un balance en medio de una tormenta.

Para…

poder un abrir el corazón hacia el calor del amor.

Con un profundo cariño, te deseo

¡Felices Fiestas!

“Mamá, ¿estás enojada?”

A fisheye image of a very upset, scolding woman.

“Mamá, ¿estás enojada?”

Cuando era niña era muy consciente de los sentimientos de los demás, pero no lo sabía…

Le he de haber preguntado a mi mamá solo una o dos veces si estaba enojada, pero lo negó tan rotundamente, que dejé de persistir. Y su furia me afectaba sobremanera. Pero como no había con quién platicarlo, sin poder hablar de lo que sentía y pensaba… me cerré…

Simplemente no podía hablar de mis emociones.

Recuerdo que hubo una época en que todo se juntó, cuando mi abuelito falleció, las cirugías de mi mamá, el estrés del trabajo de mi papá, los gritos de la maestra desesperada, todo me afectaba y empecé a sentirme muy nerviosa en el colegio.

Y no tenía palabras para nombrar aquello. Y mis calificaciones empezaron a bajar como avioneta sin motor.

Mirando hacia atrás, creo que también creí que si hablaba de aquello que me carcomía por dentro, me iba a sentir sumamente incómoda, y pues decidí no hacerlo.

Terminé embotellando todo adentro. Entonces mis emociones salían como síntomas físicos. Solía decir que me sentía enferma o simplemente “no bien” y empezaron las millones de vueltas al doctor, terapeutas y psicólogos.

Cuando los niños sienten las emociones de los adultos, ellos buscan que los adultos se sientan mejor para ELLOS sentirse a salvo. A un niño le da mucho miedo cuando los adultos que los rodean no se sienten bien. Tampoco vengo a pedir que nos sintamos bien todo el tiempo, simplemente no es posible, pero sí que debemos hacerles saber que, en el fondo, nosotros estamos bien y que su mundo esta a salvo.

Los Niños Altamente Sensibles van a tratar de hacer que sus padres se sientan mejor cuando estén tristes o estresados. Podría verse como algo tierno, –y definitivamente esto viene de su empatía y su naturaleza amorosa,– pero es necesario entender que lo están haciendo para sentirse emocionalmente a salvo. Están tratando de controlar las emociones de sus papás para controlar su mundo. Si mamá se siente bien, yo me siento bien. Si papá esta bien, mi mundo esta bien.

Es importante enseñarle a los niños que ellos no son responsables de cómo se sienten sus padres. Que no es su trabajo hacernos sentir mejor. –y cuidado con aprovechar a usar esto como chantaje de “me sentiría mejor si terminaras tu tarea más temprano” o “sería más feliz si hubieras sacado un 10” ¡Nada de eso por favor! 

Podemos decir algo así: “Si, tienes razón, me siento estresada y preocupada con todas las emociones verdes y cafés echas bolas en mi estómago. Pero no es tu culpa, no tiene nada que ver contigo. Tú y yo estamos bien. Tu mundo esta a salvo, tú estás a salvo. ¿Hay algo que pueda hacer para hacerte sentir mejor?” 

La empatía es una característica hermosa de nuestros Hijos Altamente Sensibles. Es hermoso apoyar a los que amamos. Al mismo tiempo es necesario explicarles que las emociones ajenas, son precisamente eso, ajenas. Y, aunque lo hacen por amor, a ellos no les corresponde cargarlas.

Cuando los niños no quieren dejarnos en paz

“Carmen, tengo una pregunta: nos pasa muy frecuentemente con mi hijo que después de jugar con él incluso por mas de 1 hora y avisándole desde antes que después hay que hacer otras cosas, como por ejemplo cenar y acostarse a dormir. Cuando debemos de cambiar de actividad, él se enoja mucho porque quiere seguir jugando y hace un super drama 🙁  ¿Qué hacer en esos casos?”

Hay varias cosas que puedes hacer. 

1) Establecer una rutina, pero no rígida.

Si, la rutina es muy buena y hasta después puedes echarle la culpa, “así es la rutina, ¿recuerdas?” …y no una imposición de mamá.

El objetivo, no es esclavizarte en una rutina tras el reloj todos los días. Eso es agotador y pone los nervios de punta y es lo que ¡menos necesitamos! La rutina debe ser una guía, no un gendarme. Nuestra mirada debe de estar, no en el reloj, sino en los niños. Con que tengas una secuencia –una cosa tras otra– que sea fácil de memorizar para los niños, es suficiente. Incluso también lo puedes manejar como bloques movibles. “Antes de dormir necesitas bañarte y merendar, ¿cuál prefieres primero? ¿Tienes mucha hambre?”

También hay que tomar en cuenta otras cuestiones importantes:

2) A todos los humanos nos pasa: si la estamos pasando bien, queremos que dure más tiempo. Hace poco me enviaron fotos de cuando nos juntábamos toda la familia en casa de mi mamá (antes de que falleciera) y casi me suelto llorando como niña de 4 años. 

3) Los que ya tomaron el curso de Disciplina Sin Lagrimas, van a recordar de qué hablo; la Cubeta de la Atención. Hay niños que tienen cubeta, hay niños que tienen pozo sin fondo, mi hijo es de esos  😀 Esto, como lo explico en el curso, es un No-Negociable del cerebro humano. Y hay que llenarlo. A unos niños es con poco tiempo. A otros es con mucho.

4) Cuando ya hay llanto/drama/berrinche a la hora de separarnos, también puede ser que el niño tenga miedo o no se sienta seguro. Los Altamente Sensibles, por lo mismo del rasgo y de ver por su sobre vivencia, suelen sentirse inseguros aunque estén en casa y a un metro de distancia nuestra.

Qué podemos hacer?

1) Avisen con anticipación; “recuerda que la rutina de la tarde es… ahorita vamos a jugar y después, ¿qué vamos a hacer? ¿Recuerdas? ¿Baño o merienda?”

2) Hazlos partícipes del cambio o transición, “¿me quieres ayudar a llevar tu pijama al baño?”, “¿Qué quieres de merendar? ¿Quieres ayudarme a prepararlo?”

Es como seguir la hora del juego, pero con otra actividad. 

3) Validas la emoción, “Nos la pasamos padrisisimo jugando, ¿verdad? A mi también me gustaría seguir.”

Es importante lo que le dices y cómo se lo dices. Hacerlo sentir seguro y que disfrutas de su compañía. Que sepa que es posible cambiar de actividad, y, seguir juntos.

Es difícil ser Altamente Sensible

Injured dog with e-colllar lying on the sand in a sunny afternoon

Es difícil ser Altamente Sensible…

Si, son las 4:28 de la madrugada.

A veces se me olvida lo difícil que es vivir en un mundo no–sensible. Para lo que a esa señora fue “sólo un accidente” para mí son días de insomnio, dolores en todo el cuerpo, náuseas y mal estar estomacal. Y para mi perro serán semanas de recuperación.

Cuando yo era joven mis perros se pelearon (por alguna extraña razón) y desde entonces le tengo pavor a los pleitos caninos. Cuando salgo a caminar con mi perro, siempre tomo mil precauciones, si veo un perro en la calle me cambio de banqueta. Mi pleito siempre ha sido cuando las personas sacan a caminar a sus perros sin correa. Aunque mi perro no sea agresivo, nunca sabes cómo va a reaccionar el otro perro. Y sin correa no hay manera de controlar la situación porque si jalo a mi perro, el otro se viene con nosotros.

Bueno, el caso es que venía con mi perro. Ví la reja abierta y me detuve, una o dos casas antes. Pero, dos perros tipo pastor alemán grandes, desaliñados y descuidados salieron de la casa y atacaron a mi perro. Derechito a morderle, ni siquiera se olfatearon. Yo empecé a gritar como desesperada y nadie venía. Ví cómo el perro mordió al mío y lo sacudió. Yo grite y grite pidiendo auxilio. Cuando ví a la estúpida dueña, ahí parada mirando, le dije, “¡¡Agarra a tus perros!!”

“Ash señora, ¿qué quiere? Fue solo un accidente. Yo estaba sacando a mi auto.”

“¡¡Pues amarre a sus perros antes de abrir la reja!!”

En cuanto nos soltaron sus perros salimos corriendo. 

Mi hijo Altamente Sensible venía atrás de mi llorando, “¿se va a morir?”

Inmediatamente fuimos al veterinario; sí tiene dos orificios grandes, sí lo sangoloteó tanto que se le levantó la piel del músculo, sí lo tuve que dejar para que lo anestesiaran y le suturen. Va a ser una cicatriz de 25 centímetros, de un costado de la espalda hasta el otro. Le dolerá hasta respirar.

Va a estar bien.

Son las 5:06 am y mi mente sigue repasando las escenas. Totalmente en amygdala. Mi cuerpo esta con dolores y reacciones emotivas –ya te puedes imaginar, dolores en los brazos, estómago, corazón y alma. He llorado. He aplicado todas las técnicas que conozco desde el té de tila, respiraciones, meditaciones, yoga… Tratando de entender porqué esto puede ser una bendición disfrazada, el para qué nos envió esto la vida… Y ni así se me pasa el susto / enojo / miedo / dolor.

Mi perrito… tan bueno que es.

(*suspiro*)

A las Personas Altamente Sensibles, las cosas más “tontas” nos afectan mucho. Muchísimo.

Y es lo que las personas no–sensibles, no entienden.

Agotamiento Total

…y que se va la luz

Hay veces que, cuando se va la luz nos queremos morir o matar a alguien, tenemos una lista interminable de pendientes, juntas en linea, artículos por escribir, reportes, el celular tiene 2% de pila, sin luz tampoco hay agua, no nos hemos bañado, no podemos sacar el auto del garage eléctrico por lo tanto ya no llegamos… generalmente es una verdadera tragedia.

Bueno…

He dicho generalmente…

La semana pasada se fue la luz eléctrica, “falla general de zona” me dijeron por teléfono. Casi lloro…

…de la alegría.

Tengo dos años de cruda emocional y energética. Todos los días estaba tomando café, vitaminas, matcha, té verde y chocolate para poder sacar los siguientes veinte minutos, sobreviviendo a rastras, como caracol, arrastrándome llegando mal, tarde y apenas.

Al mismo tiempo, me costaba demasiado trabajo poderme relajar. Siempre –especialmente a las 3 de la madrugada– se aparecía en mi mente una lista interminable de cosas por hacer, que por supuesto a las 7 de la mañana, ya había olvidado… tenía el cuerpo contracturado del estrés y, literalmente, me dolía cada articulación.

Todos los días te hablo sobre el auto–cuidado, de la importancia enorme que tiene descansar y desaturarnos… y yo rompiendo cada una de mis palabras. Estaba consciente. Pero no sabía –y no podía– frenarme. Llevaba dos años así. La inercia –y la necesidad de la vida diaria (niños, ropa, casa, comida, platos, trabajo)– es grande.

Por eso digo que la vida es sabia.

Por eso me mandaron un bendito apagón.

Por eso casi lloro…

…de la alegría.

Me metí a mi cuarto a hacer una yoga restaurativa –de esas que te acuestas de seis formas distintas y respiras profundamente– y dejas que la fuerza de gravedad haga lo suyo.

No tenía prisas porque mi hijo ya esta yendo al colegio. Al fin. Tras dos años encerrados.

Me desconecté junto con la luz.

Aaaaahhh…

No creas que me salí flotando en una nubecita. ¡Oh no! Salí bizca, noqueada y con dolor hasta en las pestañas. No me había dado cuenta lo terrible que había sido esta temporada para mi cuerpo y mi ser.

Llevo tres días con dolor de cabeza, todavía siento la mandíbula trabada y el cuello tieso. Es parte de lo mismo: una severa desintoxicación de estrés. Los científicos lo llaman como el Weekend Headache, se podría traducir como, el “Dolor de Cabeza del Fin de Semana”. Sucede justo cuando te das el permiso de relajarte. Me imagino que el mío es la Jaqueca–Post–Pandemia.

Lo interesante de saber cómo funcionamos las Personas Altamente Sensibles es que ya no nos asustamos. Ya sabemos qué es, por qué es y cómo sobrellevarlo.

De todas formas, te sugiero que no hagas como yo. No hagas que la vida te force a descansar. No te esperes hasta tronar para darte una buena desconectada.

A veces la vida nos avienta asuntos (ej: pandemias) que no podemos controlar. Las sobrevivimos como podemos, a veces mal, a rastras y apenas. 

El objetivo es –romper la inercia– detenernos, ponerle un punto y aparte. 

Descansar.

Descansar.

Reponernos.

Hacer consciencia de lo vivido, sobrevivido, aprendido.

Y seguir adelante, renovados.