¿Antisocial o Altamente Sensible?

¿Antisocial o Altamente Sensible?

“Permíteme explicarte como soy (…y como somos algunas Personas Altamente Sensibles)

De la preparatoria tuve una amiga, a la cual ya no le hablo.

De la universidad, igual, solo una. A ella sí le hablo… una o dos veces al mes. Más o menos.

De las mamás del colegio, bueno, las saludo, pero no me he aprendido sus nombres, no sé a qué se dedican, si es que se dedican a otra cosa que no sea sus hijos.

De mis vecinos, bueno, todos me conocen porque salgo a caminar con mi perro, y, si no les retiro la mirada, me saludan. Pero si la vecina osa pintarse el cabello a otro tono, ya no sé quién es. No me preguntes dónde vive ni con quién, porque no sé. Y no me siento con el derecho de preguntarle.

Cuando iba en la universidad fui a pedir informes para hacer mi servicio social, la secretaria no me los quería dar porque no me creía que yo ya iba en octavo semestre, “¡No es posible! ¡Nunca te he visto!”

Cuando llegaba a mi trabajo, se quejaban todos de mi porque decían que no los saludaba. Sí los saludaba, pero no me escuchaban. Me moría de la pena interrumpir su plática matutina con mi “Buenos días, con permiso, estas parado frente a mi… gracias… bueno… si… ejem… bye…”

Mis amigas actuales son las esposas de los amigos de mi esposo. Si hay una reunión con mucha gente, prefiero quedarme en casa a ver una peli. Cuando nos vamos de viaje, yo me pierdo entre el bosque y los vuelvo a ver cuando es momento de volver a tomar carretera.

No espero que me creas, solo espero que abras tu mente. Que sepas que sí existen personas así. Que si me dedico a lo que me dedico es precisamente para dar a conocer este rasgo. A explicarles a los papás que si su hijo no saluda, no es por grosero o mal educado, sino porque no–puede. Realmente–sí–es–pedirle–mucho–porque–le–es–imposible. Que si yo le recomiendo a una mamá, un libro o una nutrióloga, 9 veces de 10, van a comprar el libro. Porque el libro no se enoja. No grita. No hay que salir de casa para verlo y no se ofende si no lo volvemos a buscar en seis meses. Que vivimos con la piel al rojo vivo y que todo–nos–afecta–sobre–manera. Que salimos de nuestra zona de confort cada vez que sale el sol. Cada vez que salimos de casa. Y que cada vez que nos conectamos a una sesión, aunque sea virtual, nos remueve un remolino interno lleno de ansiedad. Si la reunión es presencial, ¡olvídalo! Ya, salimos tan cansados que, no servimos para nada el resto del día. Lo que sucede es que la gente, sus emociones, sus pensamientos, sus palabras (que a veces no coinciden), sus expresiones faciales y corporales, su tono de voz… TODO nos afecta y sobre–satura. No es que seamos antisociales, es que somos Altamente Sensibles. 

Sí hay gente así. Esa realidad sí existe. No es flojera, ni falta de compromiso, ni timidez, ni introversión. Es un Sistema Nervioso Central distinto.

Por eso me dedico a lo que me dedico. Para darles a conocer, sí, a las demás Personas Altamente Sensibles por qué son como son, pero también a las Personas No-Sensibles que, esto, es una realidad para el 20% de la población. Que nos encantaría ser el alma de la fiesta, tener facilidad de palabra, don de gente y todas esas cosas… pues si. Pero no lo tenemos. No todos podemos ser así. Y si nos forzamos por mucho tiempo, tendremos que pagar un precio con nuestra salud neuronal, emocional y, eventualmente, física y psicológica.

La parte más difícil de mi trabajo es precisamente esa, explicarle a los papás no sensibles que su hijo es así. Y que así esta bien; su hijo es una gema preciosa y que brillará en su momento, en un espacio quieto y silencioso.

No espero que me creas. Solo pido un poco de empatía. 

Ahora, cabe aclarar que no todos los Altamente Sensibles son así. Pero sí la gran mayoría. Y no, no se quita.”

–Yo, ensayando en mi cabeza, por millonésima vez, cómo explicarle, sin animarme a decírselo… ¿me irá a comprender?

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