A veces nuestros hijos lastiman nuestros sentimientos, ¿qué podemos hacer?

A veces nuestros hijos lastiman nuestros sentimientos, ¿qué podemos hacer?

Es muy normal llega a mi casa vernos a mi hijo y a mi leyendo un libro. Lo hemos hecho desde que era bebé y es nuestro pasatiempo favorito. Y nunca habíamos tenido problemas… hasta ayer.

Yo estaba sentada en el sofá leyendo mi libro. Es un libro para niños de fantasía (The Girl who drank the Moon… super recomendable) pero esta en inglés. Y aunque sí lo habla, mi hijo prefiere todavía leer en español. Sin embargo me he tomado la libertad de platicarle sobre el libro y ya esta bien picado también. “¿Qué está pasando, mamá? ¿Me lees?”

Me puse a leerle en inglés. Después de unas dos o tres hojas, justo a punto de terminar el capítulo, me cerró el libro. Él quería que yo le leyera Harry Potter (si, ya es fan… es mi culpa.) Pero yo sentí horrrrrrrrrible. Le estaba leyendo para él, porque él me lo pidió, le estaba explicando las palabras que él no entendía y ¡me cierra el libro! Pero… pero… pero… ¡¿porqueeeeee?! ¡¿C-c-c-como debo reaccionar ante esto?! No le dije todas las cosas horribles que me hubiera dicho mi mamá. Pero como tampoco podía pensar en algo lindo que decirle, le dije, “Me lastimaste. Sentí horrible que me cerraras el libro.”

Hice mi berrinche, a decir verdad. Lo hice. No le leí nada. Me fui.

Al día siguiente, él me vió leer el libro y tenía muchísima curiosidad y yo seguía sin contarle nada.

Tres días después él seguía negando que me cerró el libro y yo me seguía negando a leerle nada. 

Ya sabes, las Personas Altamente Sensibles necesitamos tiempo para procesar las cosas. No nos es fácil digerir rápido. Durante estos tres días mi cabeza no paraba de darle vueltas a las cosas… hasta que ¡PING! Me cayó el veinte. 

Para confirmar mi teoría, le pregunté, 

“Oye, ¿tu nunca te imaginaste que me ibas a lastimar tanto cerrando el libro, verdad?”

“No,” respondió honestamente, muy arrepentido, al borde del llanto.

“Hay veces que lastimamos a las personas que queremos sin querer, y no es el fin del mundo ¿sabías eso?”

“No.”

“¿Sabes qué puedes hacer?”

“No.”

“¿Sabes qué es mejor que negar lo que hiciste?”

“No.”

“Puedes enmendar la situación. ¿Qué se te ocurre?”

“No sé.”

“Puedes pedir perdón, si te nace.”

“¿Me perdonas, mamá?”

“Ven, amor mio.”

Nos dimos un lindo abrazo.

“Te quiero mas que a nada en el mundo entero. Y, aunque a veces me enoje contigo, siempre te quiero.”

“¿Me cuentas el final de tu libro y luego me lees Harry Potter?”

Los adultos a veces nos damos cuenta que hemos lastimado a las personas que queremos. A veces nos echamos el viaje en retrospectiva y le damos vuelta hasta llegar a la conclusión de que “tal vez se enojó por que…” Pero los niños no. No tienen la madurez social ni psicológica para hacer un ejercicio tan complejo. El área del cerebro que distingue que, “hay otras personas, con otros puntos de vista y con otros sentimientos diferentes al mío”, se empieza a desarrollar hasta después de los 8 años.

Para eso estamos nosotros. Para deshilar todos los pequeños –o grandes– eventos de su vida. Para hablar de los hechos, “lo que ocurrió fue esto…”, para hablar de las emociones, “lo que yo sentí fue… lo que tú sentiste fue…” y para llegar a posibles soluciones, “lo que podrías hacer es… ¿te gustaría o tienes una mejor idea?”

Este proceso es algo que se enseña. Y toma tiempo. No quieras a que tus hijos aprendan a hacerlo por osmosis. Es más fácil si empiezas a ver las cosas desde su perspectiva. Atenderlo con empatía, cariño y cerebro superior. Con Conexión y Respeto. Afirmándoles una y otra vez que los amamos incondicionalmente.

El amor siempre da los mejores resultados, ¿verdad?

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